lago rosa

Nunca había prestado atención a esos comentarios tan denostados e impopulares, que de una forma jocosa describen a las suegras; nunca, hasta hoy.

 Hoy he mirado a los ojos de mi suegra y he visto una mirada impía capaz de arrastrarme al patíbulo de la inquisición, y quemar todo mi existir en la hoguera, de esa tiniebla llena de odio, de rabia, de envidia y de rencor, que la envuelve.

 He visto claramente como esa oscura y tenebrosa tiniebla, le ha privado de su libertad manteniéndola atrapada en un mar de sentimientos negativos y terriblemente dolorosos que le están cegando la razón, proporcionándole disimuladamente, un patético disfraz de víctima para protagonizar esta situación cada vez más insostenible.

 Hoy he sentido esa herida, ese trauma, ese sufrimiento que le ocasiona verme al lado de su hija. Ahora empiezo a entender esas opiniones siempre contradictorias, o ese disponer de mi tiempo en los momentos más inesperados.

 Se aferra a la incapacidad de su tolerancia esperando que sea yo, con mi total y severa renuncia, quien le alivie su dolor… ¡y no!, no seré yo quien transforme esta ridícula rabieta en aprendizaje, ni cambie la percepción de las devastadoras consecuencias que han ocasionado su violenta crítica hacia mi persona. 

 No pienso justificar su comportamiento ni dejarme vencer por tanto chantaje emocional. No pienso convertirme en marioneta agresora de su imaginario teatro. No pienso caer en los brazos de la compasión sin la promesa de un perdón honesto y sincero.

 Aunque fuera lo último que ella deseara en este mundo, no se percata de que es esclava de mi voluntad, de que mientras más crezca ese odio, mayor es el número de nudos que la atan a mí, que a su vez afianzan mi amor por su hija y aturden el que recibe como madre. No toma conciencia con la realidad ni respeta nuestro derecho a ejercer la libertad de ser felices sin su bendición.

 Eso le corroe tanto por dentro, que le hierve la sangre que poco a poco se va tiñendo de rosa, el rosa de nuestro amor, el rosa que me empodera con tanta fuerza, que siento esa rabia como amor, como una actitud, como una decisión que permite a las circunstancias endurecer mi corazón, ensanchándolo, potenciándolo en tal dimensión, que me ayudará a crecer y a convertirme en mejor persona, en una verdadera princesa rosa de ensueño, del sueño de mi amada.

 Sin ella, todo esto no sería posible y seguiría siendo una más, una de entre todas las imbéciles que ceden a la rabia, que se estanca como el lodo que nos arrastra hacia el fondo de las tinieblas del odio.

La magia de princesa me permite divisar desde lo alto mi reino, mi poder, mi soberanía, mi magnitud, el lento recorrido del afluente de ese río de rabia que se va tiñendo gradualmente de un color intenso rosa, el rosa de nuestro amor.

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