Ilustración de Olivia Hardy

Después de haber reclamado durante más de 30 años el espacio que te pertenece en esta sociedad, y cuando por fin sientes que tu armario está bien cerrado de una vez y para siempre, sintiéndote una mujer lesbiana libre y visible, aparece en tu vida, esa mujer, que aunque extraordinaria se presente, aún le queda por experimentar ese proceso tan arduo que resulta la salida del armario.

 No es que sea uno de tus objetivos volver a revivir una y otra vez esa experiencia, pero la vida da muchas vueltas y te vuelve a situar en situaciones comprometidas, probablemente con el fin de aprender algo que se quedó atrás, o favorecer la salida de otra.

 Es ahora, y sólo ahora en la piel de otra, cuando empiezas a darte cuenta que mientras permanecías en el armario, esa invisibilidad, era una forma de maltratarte y negarte día a día a ser una mujer honesta, libre y con vida plena. No sólo te hacía sentir que perdías valor como mujer, sino como persona siendo lesbiana.

 Es ahora, y sólo ahora, cuando empiezas a reconocer esas excusas baratas y ridículas que ponías con tal de ahuyentar ese miedo que te carcomía al mostrarte tal y como eres.

 Es ahora, y sólo ahora, cuando descubres que desde el armario no conseguías tener unas relaciones personales y familiares sinceras sin poder compartir esa parte tan importante de tu vida.

 Es ahora, y sólo ahora, cuando empiezas a comprender la necesidad de un espacio seguro donde desenvolverte sin recelos, afianzado por la igualdad y la democracia, y también de una sociedad madura donde la discriminación no tenga cabida.

 Es ahora, y sólo ahora, cuando ves en los ojos de tu pareja como encubre sigilosamente, cualquier gesto que pueda revelar lo que a escondidas te jura incesantemente, existe.

 Es ahora, y sólo ahora, cuando adviertes que mientras tu pareja te mantiene en el anonimato, es como si vivieses una mentira que sólo te proporciona inseguridades.

 Es ahora, y sólo ahora, cuando descubres que la vida, que tu vida, está fuera de los armarios, quizás no en la vitrina, pero sí siempre, fuera del armario.

 Las excusas no te invisibilizan, ni te protegen, ni te sacuden el miedo, sólo hacen que te sientas sola dentro de un armario, sin derechos y con el peso de un colectivo, que necesita de ti, de tu visibilidad, de tu puesta en vitrina.

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