Tienes unos ojazos de un exquisito color miel. Tu mirada es profunda, casi interminable. Al otear dentro me pierdo y siento que no me corre prisa hallar la salida.

Cuando estás nerviosa, preocupada o asustada, quiero saber si te tranquiliza que te llame “corazón”, aprovechándome de los apelativos cariñosos.

O cuando son las cinco de la mañana y tus ojos no pueden dormir más, me sume al desvelo y compartamos una película que ni nos va ni nos viene.

Quizá mudarme una temporada contigo y aprendernos las manías. Ir a vivir a las cicatrices de la otra, acariciarlas hasta deshacer la herida.

Apreciar cuándo te apetece tontear y cuándo dejarlo estar.

Cuándo quieres hacer el amor y cuándo no estás de humor.

Cantarte muy suave unas risas. Ver cómo te meces con mi mal tono de voz.

Dibujar a besos el patrón secreto de las pecas de tus pómulos…

Quemarme con tu mirada después de probarla. Perder el tiempo en ti.

Que no me cuelgue el te quiero de la punta de la lengua. Que lo recojas antes de que caiga y se me rompa.

Descubrirte curioseándome a hurtadillas.

Iluminas, con el sol abriéndose paso en tus ojos, un poco el mundo y, de rebote, el resto.

Si te pienso, deliro.

Si me llamas, me giro.

Si me deseas, transpiro.

Si nos miramos, suspiro.

Cuando sonríes, de verdad, lo admiro.

Y si nos besamos, yo expiro.

Be Sociable, Share!

Deja un comentario