Mimi, me haces muy feliz cuando opinas sobre mis escritos. Cuando sonríes diciendo que te gusta mi estilo. Que te encanta lo que siento y cómo lo transmito. Es el mejor y más caluroso halago que puedo recibir.

Parece ser que me estoy convirtiendo en una de tus escritoras favoritas. Seré, quizás, de esas de las que siempre llevas un ejemplar en el bolso, más manoseado de lo normal porque lo has leído varias veces.

Es perfecto, pero veo un problema. Y es que nunca seré lo que yo quiero ser para ti: una de tus amantes favoritas. De las que siempre llevas una foto en la billetera para mirarla de vez en cuando, antes de que el olvido borre su cara.

Mi propósito siempre ha sido complacerte, a través de la escritura y a través de mis sonrisas. Era mi objetivo. El único, de hecho. Ojalá lo hubieses descubierto antes, cuando tenías mi completa atención.

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