Soy rara. Tú también. Eres tan rara como yo. Dos extrañas en un mundo a la par que nosotras.

Está lloviendo y es la excusa perfecta para acordarme de ti. En realidad, no me hacen falta motivos.

Me encanta la lluvia casi tanto como me encantas tú. Las nubes maquillan de gris el día. Y ese es mi color favorito. Porque se sale de lo común. Porque no le gusta a todo el mundo. Como la lluvia. Como tú. Como yo. Y la hora de la siesta, en la que mejor me encuentro. Aunque no para dormir.

Me encanta que, cuando llueve y toca reposar la comida, nosotras aprovechemos esa pausa de relax para despertar nuestros cuerpos, mientras los de los demás duermen.

Me encanta enredarme contigo a la hora de la siesta; y si llueve, es un extra que gano. Besar tu cuello infinito, esnifar el aroma de tus cabellos… Después de hacer el amor, lo deshacemos, para volverlo a hacer. Sólo para que la rutina no nos coma. Porque nos basta con devorarnos entre nosotras. Con sucumbir al sadismo.

Me encanta que, al acabar, te rindas sobre mí y yo me quede dormida respirando el olor a castaño de tu pelo, de igual color. Que nos durmamos en la hora que no corresponde, saliéndonos de la rutina. Porque somos raras. Y eso… me encanta.

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