Echo de menos intercambiar emails contigo. Que compartamos fragmentos de libros o el hallazgo de una obra de teatro atractiva.

Echo de menos mandarte canciones, recibir tu chiste malo de turno, y que planeemos viajes que nunca cumpliremos.

Echo de menos cuando me llamabas “pequeña” y yo te respondía “cielo”. Porque es lo que eres, a pesar de tu indiferencia. Eres un cielo y aún sigo contemplándote desde una nube. Lástima que nadie me avisara cuando comenzó el diluvio.

Echo de menos la emoción de saber que me espera un mensaje tuyo o una llamada sorpresa, sólo para preguntarme qué tal me va.

No sé por qué sigo dándolo todo por ti cuando tú no eres capaz ni de dar las buenas tardes.

Echo de menos todo eso menos a ti, que te echo de más.

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