sandra barneda

Hace tiempo que tocó techo: mide 1,78. Periodista con doble presencia: ‘De buena ley’ y ‘El Gran Debate’ (Tele 5). Ahora también en formato solapa. Acaba de publicar su primera novela: ‘Reír al viento’. 614 páginas de autoayuda policiaca. A estas alturas, podría responder a cualquier pregunta espíritu-retórica. Sin salirse del vocabulario de manual, ella estaría “en la fase del despertar”. Aunque sus biorritmos siguen sin funcionarle hasta las ocho de la tarde. Es la ‘coach’ de sus amigos. “Me gusta mucho escuchar”. Independiente, cabezota, curiosa. Directa. “Economista de palabras”, puntualiza. Muy despistada. Su bautismo doméstico es dejarse las llaves puestas dentro de casa.

De pequeña se hizo pasar por chico.

Cuando tenía 7 u 8 años, nos quisimos apuntar el grupo de amigos a un campeonato de fútbol. A las chicas nos dijeron que no podíamos por ser chicas. Yo me encabroné. Tenía el pelo largo y le dije a mi padre que me lo cortara.

No le gusta que le digan que no.

No me gusta que me digan: “Tú no puedes”.

Y le cortaron el pelo.

Dije que tenía mucho calor. Y uno me señaló al fondo: “Ese también se quiere apuntar”. “¿Cómo se llama?”

¿Cómo se llamó?

Jordi [se ríe]. Y en el primer partido me dieron un patadón que me tumbaron. Uno de mis amigos dijo: “¿Pero qué has hecho, tonto, no ves que es una chica?”.

La revolución.

La revolución. Lo recordamos siempre. Imagínese la vergüenza al subir a por el diploma: “¡Jordi Barneda!”.

¿Ha montado más revoluciones?

Muchas. A mí en ‘El Gran Debate’ me llaman “la indignada”.

También jugaba al baloncesto.

Sí.

Habrá tenido que pasar mucho por el aro.

He pasado más de lo que tendría que haber pasado para evitar grandes rebotes.

Es buena pívot.

Sí. También me va ser base.

¿Le gusta controlar?

Me gusta regatear y me gusta marcar jugada.

¿La mejor jugada de su vida?

[Se lo piensa: 1, 2… 14 segundos]. Creer en mí. A pesar de.

¿A pesar de qué?

A pesar de que las hostias a veces te dicen: “No, no, no, por ahí no”.

¿Qué hay de autobiografía en su primera novela?

De experiencias narradas, nada. De emociones sentidas, mucho.

Como a su protagonista, ¿hacer pis le parece un momento de gran lucidez?

Sí, sí. ¿Cuántas veces al día vas al baño? Muchas. ¿Y cuántas ideas se nos ocurren en el baño? También muchas.

¿Alguna vez ha perdido el rumbo de su vida?

Síííííííííííí. Sí, sí, sí. Claro.

¿Cuándo?

A usted se lo voy a decir [se ríe]. Pero lo he perdido. Suficiente.

¿Más de una vez?

Sí. Es que el rumbo va variando. Es como la brújula. Hay veces que pierdes el norte porque el norte ha variado.

¿Usted ahora está orientada al norte?

Yo estoy en el norte ahora.

Dice que se acerca a los 40 más niña que nunca.

Sí, sí, sí.

¿Eso significa que volverá a hacerse pasar por chico?

Nooo [sonríe]. La ilusión la tengo más a flor de piel que nunca.

¿Qué le ilusiona?

Todo. Me ilusiona todo. Quizá porque lo valoro todo. No es conformidad.

¿Es aceptación?

Sí. Muchas veces te niegas partes oscuras.

¿Qué partes oscuras tiene?

Mi carácter. Tiene tela. Me tienes que dejar 5 minutos. Cuando me arranco, pones el cronómetro y dejas 5 minutos. Me sube todo el fuego y luego ya baja.

Dice que es prudente en su vida profesional. Imprudente en la personal.

Sí. Sí.

¿Su última imprudencia?

Decirle a una persona lo que pensaba cuando nadie se atrevía.

Es directa.

Pero tiene su precio.

¿Cuál?

No ser entendida. El juicio ajeno.

Estará acostumbrada a los juicios con su programa [‘De buena ley’].

A los juicios ajenos, sí. Pero a uno le cuesta el juicio propio.

¿Se arrepiente de algo?

No.

¿Ni siquiera de ‘El bus’?

Tampoco, tampoco.

Ha dicho que “la televisión es una auténtica hoguera”.

Sí. En el fondo somos de papel.

¿Usted está muy hecha, quemada, lo tiene crudo?

[Se ríe] Yo estoy haciéndome. Espero que no me coman demasiado cruda.

Se está haciendo por los dos lados: hace doblete en Tele 5.

Por los dos lados.

También es productora ejecutiva de Desalmados Producciones.

Sí.

¿Hay que ser un poco desalmado para meterse en producción?

Hay que ser un poco desalmado en la vida para vivirla.

¿Por qué?

Porque así te sientes más ‘outsider’ y te permites la curva y no solo la línea recta.

¿Ha pasado muchas curvas?

No demasiadas porque al final me mareo. Pero me gusta más la curva que la recta.

Es una mujer de retos.

Sí.

¿Ahora cuál toca?

La producción. Quizás una película. No lo sé. O trabajar fuera nuevamente.

Debutó como actriz con ‘Aprobado en castidad’. ¿Usted aprueba?

No. Siempre he suspendido esa asignatura [ríe].

“Yo no hubiera aceptado ser princesa”, ha dicho.

Sí.

¿No es de las que besan ranas?

He besado ranas, pero nunca se han convertido en príncipes.

¿Muchas ranas?

Las suficientes como para notar la diferencia.

¿Y ya ha comido perdices?

Sí, pero… Pero me las quitaron antes de sentirme llena.

¿Se las quitaron?

Plas, fuera.

¿Escribir 614 páginas no es incompatible con tener pareja?

Depende de la pareja. Y depende de la persona. Es como preguntarte: ¿qué es mejor, la calidad o la cantidad? Hay veces que la gente está muy, muy encima, pero no está.

Así que es mejor la calidad.

Para mí sí. La calidad y la libertad.

¿Libertad?

En el amor. Cuando nos enamoramos, hacemos un proceso de desintegración del ‘yo’ por el ‘nos’. Y yo reivindico estando en pareja el ‘yo’ y el ‘tú’. El ‘yo’, el ‘tú’ y el ‘nos’.

¿Usted ahora está en un momento de ‘tú’, ‘yo’ o ‘nos’?

Yo estoy en un momento de ‘yo’-‘nos’.

En Internet hace años que la casaron con Tània Sarrias.

[Asiente].

Hasta hace dos días, nadie se lo había preguntado.

Nadie me lo había preguntado.

No está casada.

Jamás me he casado.

Pero se publicó en un periódico. Sí, sí. Hay fecha de boda y todo: 19 de octubre, me parece.

De 2009.

Lo fuerte es que nadie fuera al registro civil, que se puede comprobar.

¿Cuál es su debilidad?

A los que amo.

 

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