imagen
En 1968, la artista austriaca VALIE EXPORT (1940) —convirtió su filiación real en mote artístico que sólo debe escribirse con letras capitulares— salió a las calles de la ciudad alemana y muy conservadora de Munich con una caja de cartón colocada sobre su torso desnudo. Una apertura en el frontal del recipiente permitían a cualquiera meter las manos y tocar los pechos de la artista. La acción fue una de las muchas propuestas de choque que proliferaron en la época de la provocadora segunda ola del feminismo.  La exposición Feministische Avantgarde der 1970er Jahre (Vanguardia feminista en los años setenta) devuelve a territorio alemán —se celebra hasta el 31 de mayo en el Hamburger Kunsthalle— la esencia del tipo de arte politizado, de demanda y con aspiraciones de mejora social que proponía el grupo pionero de creadoras que se implicaron en el llamado movimiento de liberación de la mujer, iniciado en los EE UU a finales de los años sesenta y extendido por el mundo con gran intensidad. La muestra histórico-colectiva reúne más de 150 obras —son mayoritarias las fotografías— de 34 artistas. Todas pertenecen a la colección de Sammlung Verbund austriaca, una empresa líder del sector de la energía hidroeléctrica que ha compuesto una de las pinacotecas privadas europeas más surtidas de arte contemporáneo.

Todas las piezas que se exhiben en Hamburgo tienen dos elementos en común: están firmadas por mujeres nacidas en torno a la II Guerra Mundial y, sobre todo, se trata de creadoras emancipadas que no quieren saber nada del rol artístico tradicional femenino. Se mofan con saña de la idea de la mujer como musa o modelo e introducen en la esfera personal un debate político. ‘Socavar estereotipos’ Las artistas de la primera generación de arte feminista de vanguardia se dedicaron a “socavar los estereotipos de una manera subversiva”, dicen los organizadores de la exposición. Martha Rosler (EE UU, 1943) utiliza la exageración para criticar el papel tradicionalmente doméstico de las mujeres. Birgit Jürgenssen (Austria, 1949-2003) aparece con un nido con huevos sobre el sexo como parodia de la maternidad entendida como único destino o se ata una olla al cuello como si se tratase de un uniforme de trabajo.

Las obras que se pueden ver en Feministische Avantgarde der 1970er Jahre “desafiaron las normas sociales”, rompieron los mecanismos del negocio del arte “dominado por los hombres” y desarrollaron “nuevas prácticas artísticas radicales” en un periodo muy corto de tiempo, “despertando la conciencia femenina” y poniendo en primer plano temas como la “relegación de las mujeres al unidimensional papel de ama de casa y madre”, la posibilidad de usar el cuerpo como material artístico, la sexualidad femenina, las nociones de belleza y la violencia de género. Mascaradas y cambios de identidad Jugando a la mascarada y el cambio de identidad como medio de autorepresentación activa, las fotógrafas Cindy Sherman (EE UU, 1954), Suzy Lake (Canadá, 1947), Hannah Wilke (EE UU, 1940-1993) y Martha Wilson (EE UU, 1947) desafían lo convencional y dinamitan los clichés de feminidad. De una manera similar, Lynn Hershman Leeson (EE UU, 1941) creó el álter ego de ficción Roberta Breitmore y promulgó este personaje como su propia representación durante años. Otras firmas de mujeres de esta generación de rupturistas presentes en la muestra son Ana Mendieta (Cuba, 1948 – EE UU, 1985), que exploró las ideas de pertenencia y relación con la tierra; Gina Pane (Francia, 1939-1990), una artista corporal, y la única española presente en la colectiva, la creadora interdisciplinar vasca Esther Ferrer (1937).

Be Sociable, Share!

Deja un comentario