Antes de la publicación de su número del 6 de febrero, la revista estadounidense The New Yorker compartió un adelanto de la portada: un homenaje a la Marcha de las Mujeres, la protesta que ha reunido a más de tres millones de manifestantes en todo el mundo.

La imagen de la portada recuerda a algo: en ella aparece una mujer con una camisa abrochada mientras flexiona el bíceps al estilo de Rosie la Remachadora, icono feminista de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, se observan algunas diferencias. Para empezar, es una mujer negra. Y, en lugar de una bandana, lleva un gorro con orejas de gato, el símbolo de la Marcha de las Mujeres.

Abigail Gray Swartz, una artista de Maine (Estados Unidos), la dibujó después de participar en la marcha de Augusta (Estados Unidos). Para la ocasión, Gray Swartz llevó una capa decorada a mano con la frase “Igualdad para las mujeres”. La semana siguiente, Swartz decidió enviar el retrato actualizado de Rosie a la revista The New Yorker sin esperanzas de obtener respuesta.

Sin embargo, la editora de arte François Mouly respondió y le pidió que enviara más variaciones de Rosie. 72 horas después, Swartz se enteró de que su ilustración sería la portada de la revista. Se había consolidado una nueva imagen del feminismo: interseccional, hecho por mujeres y sin ningún tipo de remordimiento.

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