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De entre todas las nominadas esta película irlandesa era la más pequeña, el título que pasó el último corte de los Oscar de tapadillo y que poco a poco fue creciendo en las apuestas gracias a la interpretación de Brie Larson, a la que premiaron una y otra vez hasta el día de los Oscar donde culminó su ascenso con una merecida estatuilla. Pero La habitación no solo es Larson, también es Jacob, ese niño que experimenta la salida de la caverna de Platón con una capacidad sublime para contemplar las maravillas del mundo por primera vez , también es esa primera hora claustrofóbica en forma de agobiante thriller que se podría catalogar como obra maestra, también es la segunda hora y media de melodrama familiar repleto de crítica social sutilmente colocada entre líneas y también es la película más feminista del año.

En este artículo-alegato os damos las cinco razones por las que pensamos que La habitación es más feminista que cualquier película del año y también más radical en su propuesta de denunciar la violencia de género.

Aviso: Si no has visto la película cuidado, porque esto es un campo minado de SPOILERS.

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PRIMERO y lo más básico, la película pasa con nota el test de Bechdel. Para quién no sepa qué es el test de Bechdel, aquí va un resumen rápido: en un cómic de culto dos personajes establecieron unas reglas para determinar qué películas eran machistas y cuales no lo eran. El test consistía en cuatro directrices muy básicas que la película debía seguir: Dos personajes femeninos. Los dos tienen que hablar entre sí. Los dos tienen que hablar entre sí sobre algo que no estuviera relacionado con ningún hombre. Los dos deben tener nombre propio.

La habitación supera esta primera prueba. Brie Larson interpreta a Joy y Joan Allen a su madre Nancy. Ambas tienen nombre propio, ambas hablan entre sí en numerosas ocasiones y muchas de esas conversaciones sólo tienen que ver con la vida de cada una de ellas, sus aspiraciones, deseos y sufrimientos propios y compartidos.

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SEGUNDO. El viejo Nick es el raptor, pero ni el guion de Emma Donoghue (autora de la novela) le dedica demasiadas líneas, ni la cámara de Lenny Abrahamson le enfoca demasiado. El viejo Nick no es importante para la historia, la película ni siquiera se detiene en el rapto que éste lleva a cabo, ni cómo, ni por qué. Puede parecer que tanto el guion como la dirección de la película quieren evitar convertir al viejo Nick en un monstruo, y efectivamente así es. De manera muy audaz Abrahamson huye del arquetipo de psicópata y le retrata como un tipo casi normal, un tipo de aspecto completamente convencional ahogado por los problemas económicos que nos consumen a todos. El viejo Nick no es ni un monstruo, ni un psicópata (por cierto, ¿los psicópatas nacen o se hacen?), el viejo Nick es un hombre común, como cualquiera, “todos en el barrio le conocíamos”, dice en un momento el personaje de Larson.

Y aquí está el hallazgo de la película y el gran ataque hacia el machismo. Alejar a Nick de la imagen de criminal o psicópata es importante para concienciar a una sociedad que tiene que empezar a reconocer que cualquiera puede ser el viejo Nick si no comenzamos a cambiar ciertas actitudes machistas consentidas por todos. Nick solo es un hombre porque son los hombres los que maltratan, los que raptan, los que matan… Sólo hombres, nada de monstruos. Los monstruos solo existen en los cuentos. Nick, como señala Barbijaputa en este artículo sobre el tema, sólo sería “un hijo sano del patriarcado”.

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TERCERO. La otra gran pista sobre la intención de la película es que no enseña las violaciones diarias pero si sus consecuencias. La película se centra en la víctima y en su vía de escape que es el plan de huida. Ma (o Joy) se ahoga en esa habitación, sufre, muere por dentro cada mañana. Y cuando la curiosidad de Jack comienza a ser insostenible, el personaje de Brie Larson ve la oportunidad de escapar. Mientras urde el plan para salir de allí, la habitación, que es también una cárcel, se estrecha cada vez más y es inevitable encontrar un paralelismo entre esas cuatro paredes y las cuatro paredes entre las que viven las mujeres maltratadas, esas mujeres que se sienten seres inferiores por culpa de un terrible maltrato psicológico o físico por parte de un hombre. Ellas también están atrapadas y quieren escapar; y que la película de Abrahamson centre uno de sus clímax en esta huida es un mensaje esperanzador y valiente. Se puede y se debe salir de allí. Y lo más pronto posible.

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CUARTO. Cuando Joy y Jack están por fin a salvo, se reencuentran con sus familiares, con la madre y el padre de Joy, que ahora están separados. En un momento dado el personaje de Larson recrimina a su padre (interpretado por William H. Macy) porque no mira a su hijo, a Jack. Ella le obliga a mirarle, pero su padre no puede hacerlo, ni un segundo. A pesar de que Jack es probablemente la criatura más angelical y maravillosa del cine reciente. ¿Y por qué no puede mirarlo? Porque para él ese niño es una abominación, el personaje de H. Macy solo ve una violación, ve algo sucio, solo sexo y sufrimiento. No ve vida, ni ve esperanza, ni belleza… El viejo Nick ha mancillado el honor de su hija y también el suyo propio y hay una criatura que se lo recuerda constantemente. ¿Se puede ser más egoísta? Evidentemente este personaje solo existe en la película para recordarnos la clase de juicios que rigen esta sociedad.

¿Qué debería haber hecho Joy? ¿Abortar? En ese caso su desgraciado padre no tendría que mirar a ningún ser que le recordara lo terrible que puede ser la vida.

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QUINTO. Una famosa periodista entrevista a Joy y le pregunta por su experiencia en la habitación, el dolor que conlleva ser raptada y violada durante todos los días durante siete años. Hasta ahí todo normal para la clase de televisión que se cultiva en la actualidad. El problema llega cuando ésta le pregunta si nunca pensó en convencer a su raptor para que abandonara a su hijo recién nacido en un hospital de forma que el niño hubiera tenido una infancia perfectamente normal y nada traumática. “Le habrías salvado”, le dice. El personaje de Larson contesta con entereza y evita hundirse ante una pregunta tan cruel como esta.

La periodista, en vez de funcionar como un símbolo feminista y tratar de convertir a Joy en un ejemplo de lucha y superación, le da un terrible golpe bajo con la intención de provocar en ella una desazón y un arrepentimiento voraz. Y lo consigue con una pregunta que resume completamente la infame cultura de la violación (y en definitiva del maltrato o del machismo) según la cual a pesar de las vejaciones o los golpes la culpa es de ella. ¿Por qué ibas sola por la noche? ¿Por qué llevabas eso puesto? ¿Por qué no pensaste más en tu hijo?

BOLA EXTRA: En los Oscar y fuera de plano Brie Larson abrazó a todas las mujeres víctimas de violación que Lady Gaga subió al escenario para su actuación.

Y no lo hizo por quedar bien, tampoco hacía falta, lo hizo porque ella es perfectamente consciente de lo que simboliza la película que protagoniza y lo importante que puede ser La habitación para todas las personas que sufren algún tipo de maltrato.

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