pluma

Mi lesbianismo ha pasado por muchas fases a lo largo de mi vida. Durante algún tiempo, la sociedad me “casi” intimidó a permanecer en la clandestinidad, escondida en un armario oscuro, frío y sin vistas a la realidad.

Cuando conseguí sacar algo más que la patita, parte de mí seguía oculta y protegida tras una apariencia, estéticamente algo más asociada a las mujeres…, osea, que andaba en un eterno carnaval disfrazada, para evitar que se mofaran o me ridiculizaran.

Y ahora que por fin me he liberado de esa presión social, he alcanzado la panacea absoluta. Visto y calzo como me viene en gana,… me da igual que me señalen, que se mofen, que intenten ridiculizarme, que me etiqueten como rubia, zurda, feminista, lesbiana…, cualquiera de estos calificativos me definen y ninguno me resta valor como persona.

Defiendo mi postura sin caer en provocaciones y no entrar al trapo de quienes, incluso compartiendo con nosotras orientación sexual, intentan entorpecer los pequeños avances que vamos consiguiendo en la comunidad LGBT con argumentos prestados por conservadores y por la iglesia.

Pero cualquier intento de invisibilizarme, de ocultar lo que soy, es negar esa parte más importante de mi personalidad, la que delimita la frontera de diversidad y libertad.

¡Sí señoras, tengo pluma, y orgullosa de poder lucirla!. No creo que mi verdadera feminidad se vea dañada por mi vestimenta, ni por mis gestos, ni por mi ademanes…, soy una mujer, me siento mujer y no necesito demostrarlo de ninguna de las maneras socialmente establecidas.

Es algo que me sale natural; que ni pretendo mostrarme más masculina que cualquier mujer, ni adopto una actitud intencionada para sentirme como un hombre. “Ni ser mujer es llevar siempre faldas, ni ser hombre es llevar siempre corbata”.

Si tuviera que declarar sobre un estrado, para mi defensa diría, que mi pluma es voluntaria, que está lejos de estereotipar mi lesbianismo con fines teatrales (no soy actriz de escenarios reales, sino la protagonista de mi propia vida), y quizás tenga una inconsciente masculinidad, discreta pero innegable.

Pero aún siendo involuntariamente discreta, me delata sin el menor o mayor esfuerzo, a favor o en contra de exagerarla o esconderla, ¡vaya!, que me niego a esconderla, a disimularla o a desaparecerla. Mi pluma tiene vida propia, sale cuando quiere, donde quiere, con quien quiere y se visualiza de todas las maneras y colores posibles. Es tan independiente, que ni tan siquiera me permite mentir ni agachar la cabeza sin responder cada vez que se produce un brote de homofobia alrededor mío.

No quiero andar con medias verdades, ni amedrentarme con comentarios lesbofóbos, ni aguantar el tono despreciativo de quienes se ofenden, ni escuchar absurdas bromas peyorativas, ni esquivar las miradas sexistas y machistas.

Me da igual, que piensen que tengo un conflicto identitario que aún no he resuelto, o un impulso egodistónico producido por la evidencia del rechazo social, o una disforia de género. Soy lesbiana y amo como nadie a otra mujer, argumento suficiente para mostrarme como me de la gana sin tener nada de que avergonzarme.

El único comentario que acepto como posible: “quizás sea que tengo la necesidad de atraer a quien me gusta (en el deseo de ligar con una mujer), y en ese proceso seductor, adopto comportamientos socialmente vistos como masculinos (recuerden que nos educamos en la idea de que la única forma de ligar es heterosexual, e inconscientemente los estereotipos se quedan marcados en nuestra psique)”.

Repito: ¡Sí señoras, tengo pluma!, y forma parte de mi personalidad, de mi vida lésbica, y aunque no se ajuste a la heteronorma, no significa que al lucirla haga alarde de nada o desafíe a nadie. Quienes realmente se sientan ofendidas de ver como beso a otra mujer, de mi vestimenta, de mis conversaciones, de mi lucha y orgullo, son quienes deben medir su grado de tolerancia porque tienen un problema de aceptación de la realidad, y francamente, no estoy dispuesta a mutilar ni la más mínima parte de mi ser para que esas personas puedan dormir tranquilas en un mundo como “Dios” manda.

Tengo pluma, me encanta mi pluma, amo mi pluma, … y allá donde fuere, la llevaré siempre con orgullo, con respeto y como me salga del co……..

Be Sociable, Share!

Un comentario.

  1. JOANA dice:

    Yo sigo sin saber que es una lesbiana con pluma. En chicos sí lo reconozco, ¿Pero en chicas?

Deja un comentario