Creo en las intervenciones y en los derechos que han conseguido hasta ahora todos y cada uno de los colectivos de este país, por el bienestar de nuestra comunidad LGBT; pero NO me hago ilusiones respecto al uso que se harán, tanto de las intervenciones como de esos derechos, mientras escasee el buen juicio activista y abunde el orgullo.

 Que, ¿qué es el activismo en un colectivo? Pues ese movimiento alimentado desde una postura particular, con la única y sana intención, de efectuar un cambio de índole social ante la lesbofobia, la homofobia y la transfobia.

 Y, ¿el orgullo? Diferenciemos los dos tipos de orgullo que existen: el NO reprobatorio, que es ese orgullo de satisfacción por méritos propios que nos moviliza como comunidad, llevándonos a ser activistas y a visibilizarnos como en todos los 28J, y el reprobatorio, (al que me refiero en este artículo), que es ese orgullo de cada quien en su forma de estar en el mundo, o sea, la falsa humildad.

 Conseguir que este activismo social, en los tiempos y ambientes que corren, deje de tener un mal nombre, y sea algo en lo que participen todas/os y cada una/o de las/os miembras/os de nuestra comunidad, no vinculadas/os a la parte activa de un colectivo, incurre abiertamente en la resistencia pasiva y callada que pueda adoptar algún que otro colectivo. Esto, pensemos, que nos puede llevar a un activismo abierto, desde el que se pueden exponer las/os activistas de un colectivo, a la antipatía, reacción o represalias de las/os ponentes contrarias/os en la argumentación, por la mala gestión activista.

 Durante años, he desarrollado mi activismo desde ambos flancos. Milité en el colectivo de Las Palmas, y ahora considero y recapacito mi militancia desde esta sección mensual en Uxxs. Es ahora cuando puedo permitirme y me permito argumentar, la mala gestión activista del colectivo de Las Palmas, ante situaciones manifestadas por la gran mayoría de personas de nuestra comunidad, en esta, nuestra ciudad.

 Debería conseguir concentrarse en lo verdaderamente importante de un colectivo: “comunicar, hacer llegar el mensaje y velar por el bien de la comunidad”, sin la necesidad de hacer alarde de la supremacía engendrada por ese orgullo, (que parece ser que es lo único que le compete), ya que no es tarea fácil cuando nos sumergimos en el absurdo de la falsedad.

 No necesitamos de quienes están ahí para jugar a presumir del orgullo que les proporciona hacer estupideces, ante su propio consuelo por el éxito de las mismas. Y mucho menos de quienes inútilmente van acumulando imprudencias y excesos, ante las miradas atónitas de quienes hemos podido ver el trasfondo de la pequeñez de sus personalidades.

 No concibo, que una persona que se considere plenamente activista, sea capaz de torcer  más o menos complacientemente la mirada, ante la injusta expectativa que la sociedad homófoba impone a alguien de nuestra comunidad, o criticar indignamente y crear confusión al resto de nuestra comunidad aprovechándose vilmente desde el ámbito asociativo, sólo por el mero hecho de no coincidir (a nivel estrictamente personal) en la simpatía, en la estima, en la confianza o en la fidelidad.

 Tengo claro que de la rivalidad, de las diferencias en las relaciones personales, y de todo lo negativo que nos facilitan los malos pensamientos de quienes envidiamos, no puede salir nada bueno, y por supuestísimo, que del orgullo, nada noble; es más, nos divide, nos paraliza ante la generosidad humana, nos aleja de los intereses comunes que tenemos bajo un mismo credo, y nos perdemos en la ignorancia, de que nuestras únicas recompensas serán la soledad y la necedad.

Be Sociable, Share!

Deja un comentario