Fuente: Dosmanzanas

El cuerpo de Noluvo Swelindawo, de 22 años, fue encontrado en las primeras horas del pasado domingo con heridas de bala y otros signos de violencia cerca de una autopista en Driftsands, en los alrededores de Ciudad del Cabo. Swelindawo, activista LGTB, había sido secuestada horas antes en su propio domicilio, en la cercana localidad de Khayelitsha. El colectivo LGTB sudafricano no tiene la menor duda de que se trata, una vez más, de un delito de odio. 

Fue su propia pareja, Nqabisa Mkatali, la que dio la voz de alarma sobre su desaparición al encontrar que el domicilio que compartían había sido asaltado por la fuerza por lo que parece una banda de varias personas. Inmediatamente pidió ayuda a amigos y familiares para iniciar su búsqueda. Una búsqueda que culminó trágicamente con el hallazgo de su cadáver a aproximadamente 15 minutos en coche del lugar de donde fue secuestrada. Al parecer, un día antes de ser secuestrada Noluvo Swelindawo apareció con un ojo inflamado por un golpe que le había dado un joven. Un antecedente violento de que la activista no quiso entonces hablar.

Se da la circunstancia de que Noluvo Swelindawo, a la que sus amigos llamaban cariñosamente “Vovo”, era una conocida activista LGTB de su comunidad. Formaba parte del Sikhumbule Safe Space, un grupo local que lleva a cabo campañas en favor de los colectivos homosexual y transexual, talleres en colegios y que participa en marchas del Orgullo. Esto, y el hecho de que los asesinos de Vovo la secuestraran selectivamente a ella en su propia casa, es lo que lleva a pensar al activismo sudafricano que su asesinato no es más que un nuevo delito de odio. De hecho, sus compañeros del Sikhumbule Safe Space creen saber quienes pudieron ser sus asesinos, aunque por el momento prefieren no señalar a nadie con nombres y apellidos. La investigación policial está ya en curso.

Mujer lesbiana y negra: un perfil muy definido de víctimas

SudáfricaLa violencia extrema contra jóvenes lesbianas de raza negra no es, por desgracia, una novedad en Sudáfrica. En muchos casos los ataques incluyen las espantosas “violaciones correctivas”. Agresiones que con frecuencia llegan al asesinato. En dosmanzanas hemos recogido en el pasado diversos casos, como el de Motshidisi Pascalina, una joven cuyo cuerpo fue encontrado hace ahora un año con muestras de haber sido torturada, posiblemente violada, asesinada y horriblemente mutilada, o el de Duduzile Zozo, otra joven violada y asesinada en junio de 2013, encontrada también medio desnuda cerca de su domicilio con una escobilla de baño introducida en su vagina (su asesino fue condenado a 30 años de prisión a finales de 2014).

Otros casos que hemos recogido son los de Gift Makau, en agosto de 2014, a la que habían violado, estrangulado e introducido una manguera en la boca, Patricia Mashigo, apedreada hasta la muerte en abril de 2013; Sihle Skotshi, una jovencísima jugadora de fútbol, asesinada por un grupo de salvajes en noviembre de 2012; una adolescente de solo 13 años violada en mayo de 2011; Noxolo Nogwaza, activista brutalmente violada y asesinada en abril de 2011, o la futbolista Eudy Simelane, también violada y asesinada en el año 2009.

Casos que por desgracia solo parecen ser la punta del iceberg. Se calcula que solo en Ciudad del Cabo se producirían cada semana hasta diez violaciones de este tipo. No fue hasta mayo de 2011 que el Gobierno de Sudáfrica decidía crear una comisión para perseguir los crímenes de odio de raíz homófoba, después de que le llegara una petición firmada por 170.000 personas en la que se pedía al Gobierno que tomara cartas en el asunto (iniciativa promovida por activistas lesbianas locales). Una comisión cuya pasividad fue denunciada ya en 2013 por los activistas.

Ello ocurre, no lo olvidemos, en el país de África con un mayor nivel de protección jurídica de las personas LGTB -gracias a su avanzada legislación en derechos civiles tras el final del apartheid– y en el que en mayo de 2014 conocíamos la noticia del nombramiento de la primera ministra abiertamente lesbiana en la historia del continente, Lynne Brown (que sigue formando parte del Gobierno sudafricano).

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