Antes de conocerte, subsistía en el boceto de una vida sin sueños.

Entonces, apareciste una tarde a mediados de otoño. Surgiste como surgen las buenas ideas: sin avisar. Y mi vida resucitó. Así empezó todo. De la manera más tonta.

Ojeamos tantos atardeceres juntas… y todos en silencio.

Fantaseaba con la idea de despertar a tu lado, compartir el desayuno, romper la rutina junto a ti, bailar contigo, reírnos sin vergüenza, discutir por tonterías, reconciliarnos follando… ¿En qué estarás pensando? Espero que no te sientas triste y sola. O sí y te acuerdes de mí, aunque el tiempo haya seguido adelante. Y ojalá supieras que, cada vez que doy un abrazo a quien sea, dejo entre los cuerpos un pequeño hueco que lleva tu nombre y nadie más puede ocupar.

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