milesimas de segundo

Soy una de esas chicas, que a penas tuve conciencia amatoria, me construí un esquema de todo lo que acontecería en mi vida. Tenía todo muy bien estudiado y estructurado como casi todas las mujeres de mi época.

Aquel utópico sueño, pasó por visualizar el amor eterno con la primera persona que conquistó mi corazón, siguió por construir una vida llena de felicidad, fidelidad, comprensión y estabilidad, y acabó envejeciendo frente a una chimenea cogidas de la mano.

 …Cuando menos me lo esperaba, se desencajó una de las piezas que minuciosamente fueron colocadas por la sociedad tras años de machismo, de patriarcado,…y en cuestión de milésimas de segundos, se desmoronó todo ese cuento de hadas que me habían vendido.

 Con mis inalterables valores que sobrevivieron a tal sacudida, esta vez reorganizados por mi propia experiencia, tomé de nuevo las riendas de mi vida, y volví a confiar mi destino a una apuesta de mi pensamiento.

 En ese nuevo desafío, necesité salir del armario por la puerta grande con toda la libertad que merecía. Creé diferentes grupos en los distintos ambientes en los que me movía, mi casa, mi trabajo, mi red social, y ¡ala!, lo solté tan frescamente, sin anestesia.   

De nuevo, en milésimas de segundos, comprobé el respeto, el cariño, la tolerancia de cada una de las personas con las que me había estado codeando en mi camino.

Seguí avanzando con el refuerzo de la crudeza de mi valentía, pero esta vez sin idealizar ni marcar un solo reto para no desestabilizarme emocionalmente.

 Allí afuera, revoloteé sobre demasiados jardines, e incluso algún que otro prohibido para una chica tan comprometida con las relaciones como yo. …Y al final, lo esperado; aquella chica hétero que tardó un año para concluir que sólo quería probar, aún con las sábanas calientes de nuestro último encuentro, en milésimas de segundos, me rompió el corazón en mil pedazos.

 Ya no quedó otra que recomponerme, que reinventarme, que vetar mi corazón de irresponsabilidades ajenas y aprender a liberar mi alma en medio de las adversidades.

 …Y de repente un día, cuando ya creí que todo había llegado a su debido cauce, (mi familia me aceptaba, mis compañeras de trabajo me respetaban, mis amistades me admiraban), se presentó esa chica con la que había quedado en cuatro ocasiones contadas, que casualmente conocí y reconocí en la cama toda la noche en aquella fiesta a la que no quería asistir…;

  ¡, como lo oyen!, se presentó en la puerta de mi casa maleta en mano, con la desafortunada intención de quedarse, y en milésimas de segundos, me dije:

 “Para que perder el tiempo en ocuparme y preocuparme de organizar mi vida, si en cuestión de milésimas de segundos, ya se encargan las demás de enredármela”.

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