Ilustración de Olivia Hardy

Las suegras, las suegras, las suegras. Quizás si escribo tres veces esas palabras, suceda lo mismo que cuando Winona Ryder en aquella película decía: Bitelchús, Bitelchús, Bitelchús.

…Y es que, teniendo ya unas cuantas exsuegras en tu haber, que siempre terminan por tacharte de precursora del lesbianismo de su hija, de vez en cuando, un bioexorcirta no vendría mal, a la hora de evitar volver a esa experiencia que no acaba nunca por llegar a un buen destino.

No todas tenemos la necesidad de conocer a nuestras suegras, ni todas le damos la misma importancia a tener de tu parte a la familia política, pero basta que pienses así, como para que te toque topar con una novia madrera y que, para ella, sea imprescindible tu aprobación.

Siendo así y una vez consolidada tu relación, estando segura que la mujer que tienes al lado es con la que quieres pasar el mayor tiempo posible en un proyecto de vida juntas, te marcas un próximo objetivo clarísimo: la conquista de la madre.

En el caso de nosotras las lesbianas, siempre nos tenemos que marcar dos conquistas: la preliminar como amiga, y la definitiva como nuera.

Les aseguro, que aunque pases ese primer reducto usando tu artillería pesada: mejores sonrisas, los más atinados comentarios y tu indiscutible inteligencia, para que se te vea como la amiga perfecta para su hija, aún te queda la prueba más difícil; que te lleguen a ver simplemente como una nuera más.

Ese es el momento exacto, en el que esa mujer de simpatía única se convertirá en una bruja y hechicera capaz de oscurecer tu relación, o en tu mejor aliada para resolver cualquier peripecia inesperada que se tercie con tu novia.

Si consigues que se orgullezca y se sienta como tu segunda madre, notarás cómo se te abren las puertas del cielo y podrás colocar tu propia bandera en ese monte infranqueable. Hondeará bien alto y tendrás muchas más posibilidades de que esa relación cuaje.

Si por lo contrario, nunca tolerará que ocupes el lugar que le corresponde, según ella, a ese supuesto príncipe que siempre deseó para su hijita del alma, mejor que te mandes a mudar lo más lejos posible para que no afecte, en lo que puede ser, la relación de tu vida.

Las suegras, las suegras, las suegras. Recuerda esta estrategia…, ¡lo mismo funciona!.

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