madre

Aquí les dejo este artículo dirigido a las madres que he leido y me resulta interesante, la redactora se llama Alexandra Plumarejo.

¿Se han dado cuenta de la rivalidad subliminal y a veces no tan silenciosa que existe entre las mamás que trabajan y las que se quedan en sus casas para criar a sus hijos? ¿No han sentido la tensión en las reuniones escolares cuando las mamás que no trabajan miran feo a las que sí porque por estar trabajando no pueden “colaborar” con las múltiples actividades que se asignan bajo el pretexto de ser “voluntarias”? ¿O por el contrario no se han dado cuenta de la soberbia con la que muchas que trabajan sacan sus celulares en las reuniones para demostrar que están haciendo un sacrificio en simplemente asistir?

No nos digamos mentiras, la sociedad nos juzga duro a ambas. A las amas de casa a veces las tildan de “no tan inteligentes” y a las que trabajan por fuera de casa como “abandonadoras” de sus hijos y maridos.

Esto nos pone a todas a la defensiva y nos sentimos obligadas a justificar nuestras posiciones. Las que trabajan por fuera del hogar vocean que aunque no pasen mucho tiempo con sus hijos, lo importante no son las horas sino la calidad de tiempo. Las amas de casa, por su lado, recitan a todos los estudios que concluyen que los hijos necesitan que sus mamás estén muy presentes para el óptimo desarrollo mental y físico.

Adicionalmente a las posibles críticas exógenas a las que nos somete el mundo hay que sumarle los latigazos de culpabilidad innata que viene con ser mamá.

Por experiencia propia les puedo decir que las que trabajamos nos sentimos mal por no poder asistir a todos los eventos escolares. Y las mujeres que han decidido ser amas de casa muchas veces sienten que están “desperdiciando” su vida en una labor “ingrata”. Las que trabajamos vemos a las que sí pueden ‘quedarse en casa’ como un privilegio y estoy segura que hay muchas amas de casa que consideran que las que trabajamos por fuera de la casa somos las verdaderas privilegiadas.

Todas somos mamás, todas somos mujeres y todas sabemos lo increíblemente difícil que es criar seres humanos buenos, sanos y felices. Sin embargo, muchas tratamos de validar nuestras decisiones de vida menospreciando las decisiones de las otras. Debemos tener compasión por cada una de nosotras y ayudarnos porque si nuestros hijos crecen bien la sociedad será mejor.

El bienestar del hogar, independientemente a si trabajamos en la casa o por fuera, radica en que seamos felices y orgullosas de nuestras decisiones. La felicidad nunca nos la va dar la aprobación de las otras mujeres, solo nos la podemos dar nosotras mismas.

Es muy difícil hacer las cosas bien cuando uno duda si está donde debe estar. Debemos estar presentes, plenas y seguras que hacemos lo mejor posible y que estamos exactamente donde debemos estar.

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Categorías: CMB-2013, Crónicas, Mujer, Octubre

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