Ilustración de Olivia Hardy

Una de las leyendas urbanas que se conoce por el mundillo lésbico es el de que si una chica tiene como mascota un gato, seguro “entiende”, y aunque las leyendas no dejan de ser historias algo exageradas, lo cierto es que una buena cantidad de las lesbianas que ahora leen este artículo tienen un gato como compañero de casa y si no es así seguro entre sus conocidas del ambiente hay una con gato.

 No existe un estudio todavía que demuestre si científicamente hay una conexión entre ser lesbiana y tener un gato, pero sí que hay indicios de cuál puede ser la causa de la elección de esta singular mascota por parte de las chicas del ambiente y hay que remontarse al mundo antiguo para conocer cómo otras culturas veían al gato como algo divino.

 La mitología egipcia es quizá la que más ha encumbrado a nuestro felino amigo o amiga porque en realidad le dieron una connotación femenina; la diosa Bastet, representada en la figura de un gato o con el cuerpo de una mujer con la cabeza de gato, era la deidad de la armonía y la felicidad, destinada a proteger el hogar y representar la alegría de vivir; era tal la devoción de los egipcios por este animal que había pena de muerte para aquellos que le hicieran daño y hasta cuenta la leyenda mitológica que los egipcios perdieron la ciudad de Pelusio al mostrarles los Persas un gato al que amenazaban con matar; cuando un gato moría había duelo en la familia y era momificado con especial cuidado, se han encontrado necrópolis exclusivas para ellos.

 Existen también datos en las mitologías griegas, romanas, celtas y nórdicas en relación a la especial significación de los gatos en esas culturas, algunas tan hermosas como que los Celtas pensaban que los ojos de los gatos representaban las puertas hacia el reino de las hadas; los gatos fueron venerados o vistos como símbolo de amor y alegría hasta mediados del sigo XIII , cuando la Iglesia (y ahí tiene el mundo homosexual una similitud con la historia de los gatos) comenzó una persecución obsesiva contra ellos, considerándolo símbolo del diablo y cuerpo metamórfico de las brujas.

 Fue de tal magnitud la influencia de la Iglesia que en la noche de San Juan fue tradición contemplar como espectáculo la quema de estos animales; ya en el sigo XVI el Papa Clemente decidió acabar con la orden de los Caballeros Templarios acusándoles de homosexualidad y de adorar al demonio en forma de gato… curioso ¿verdad?

 Tal vez nunca habrá una explicación en relación a lo que motiva a muchas lesbianas a tener un gato, incluso puede ser sólo una casualidad, pero lo cierto es que en general la comunidad homosexual tiene similitudes con la historia de estas adorables mascotas y puede ser que inconcientemente nos sintamos atraídas y ellos con nosotras a compartir vida, aunque suelten mucho pelo, te levanten a las 8 de la mañana porque quieren jugar o te manden al otro lado de la cama porque les gusta dormir en el lado derecho, pero cómo les queremos.

Escrito por: Ana Hernández

 

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Categorías: CMB-2010, Cuenta-Les, Febrero

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