bruja suegra

De adolescente, pasé por lo mismo que muchas mujeres del mundo,  descubrir que mis deseos sexuales los provocaba un cuerpo femenino.

 En ese intervalo de entender lo que me ocurría, concienciarme al sentirme diferente a lo que me habían inculcado, y hacer mi salida del armario por la puerta grande, hubo un tráfico muy fluido de amigas que circulaban a gran velocidad por mi vida y por mi casa.

 Aquello hizo que mi madre, temblara al sospechar que algo extraño pasaba por mi mente y en mi cuarto, y en modo de advertencia, como buena madre que es, me aconsejó sobre los entresijos de la amistad verdadera, repitiéndome sin cesar:

“tu mejor amiga siempre se puede convertir en tu peor enemiga. Confía en tu madre que nunca te defraudará”.

 La palabra madre siempre me ha despertado sentimientos de ternura, generosidad, tranquilidad, grandeza, amor incondicional, cariño, entrega, dedicación, admiración, dulzura, paciencia, vida, sinceridad, protección, esperanza, apoyo, paz, bondad…, y sí;

En mi caso y en mi casa, así fue y sigue siendo a día de hoy.

 Lo que nunca me advirtió mi madre, que mis mayores problemas no me los iban a causar las chicas con las que experimentaba, sino sus conservadoras e intransigentes madres. Y sobre todo, y lo más que me perturba, de que no todas las madres se comporten, ni despierten los mismos sentimientos que la mía.

 Eso me produce una enorme impotencia con respecto a mi novia, porque me resulta el trago más duro por el que no debería pasar ninguna hija. Entre ellas, veo como fluyen sentimientos de inutilidad, desconfianza, desasosiego, deslealtad, aspereza, desamparo, hipocresía, decepción, ataque, hostilidad y mentiras.

 Desde entonces, me cuesta ver como a una verdadera madre, a mi suegra; la visualizo como ese siniestro personaje que goza de una reputación compleja, entrometida y problemática.

Suegra es una palabra fea en sí misma. Se escribe con ese de sapo, con ese de serpiente, de sanguijuela, de sarampión, de sinvergüenza. Suegra suena a culebra; seguramente por eso tiene una connotación tan negativa.

Cacofonías a parte, debo confesar que mi suegra y yo hemos tenido nuestros acalorados entredichos. Es que me tocó una de esas cotillas que murmuran aún contigo presente, de las que se quejan de cualquier cosa, una celosa patógena, una insidiosa con su propia hija, una mentirosa compulsiva, una llorona con lágrimas de cocodrilo, o sea, un compendio de defectos comprimidos en una sola persona.

Y pobre mi suegra, también, que le toqué yo. Una nuera con la boca más rápida que el cerebro: primero digo lo que pienso, y después pienso si mejor no me tendría que haber callado la boca, por eso, me ha declarado una guerra que sabe que nunca va a ganar.

¿Lo que más me carga de ella? Su comportamiento como madre. Todos los calificativos que mencioné antes, no son dichos desde la rabia, ni desde el despecho, les aseguro que mi sinceridad es absoluta contrastada con quienes le atañe. Tiene una pésima relación con su hija e intenta ponerle remedio a través de mí, algo que a mí no me corresponde…; Allá ella con sus limitaciones.

Así, que yo no me atrevo a darles ningún consejo…, porque antes tenéis que conocer a vuestras suegras, no sea que se les convierta en lo mismo que a mí, en mi peor enemiga.

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