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Al igual que en el caso del cine, la ONG estadounidense GLAAD (siglas en inglés de “Alianza de gays y lesbianas contra la difamación”) publica todos los años un informe en el que analiza la representación de las sexualidades no hetero en las series de TV. La última edición de dicho informe ya ha visto la luz y, por una vez, sus conclusiones son optimistas: de acuerdo con sus estadísticas, la pequeña pantalla sigue siendo un ejemplo de diversidad sexual en comparación con un Hollywood que, o bien no sabe cómo manejar el tema, o cae en la homofobia pura y dura.

De acuerdo con el informe (recogido por The Verge), el porcentaje de personajes gays, lesbianas, bisexuales o transgénero que aparecen en las series estadounidenses es, aproximadamente, un 4% sobre el total, cifra que iguala (o supera) el porcentaje de población LGBT en la población de EE UU. Asimismo, GLAAD señala que estos personajes se encuentran con más facilidad en las emisiones por cable o por streaming que en la programación en abierto. De hecho, las series lanzadas en streaming se llevan la palma de lo diverso, con un total de 64 personajes que aparecen distribuidos en un amplio espectro de géneros (hombres y mujeres, tanto trans como cis) y de opciones sexoafectivas. No es extraño, por otra parte, que Orange is the New Black  Transparent sean dos de las series que se llevan una mención más positiva.

Ahora bien: que el panorama haya mejorado no significa que sea perfecto. Sin ir más lejos, los hombres gays siguen estando mucho más representados que las lesbianas. Es más: el número de personajes lésbicos en la ficción televisiva ha disminuido, y la paridad de género está todavía muy lejos. Por otra parte, el retrato de un gay o una lesbiana ofrecido por televisión sigue ateniéndose al estereotipo de una persona blanca y de clase media: el número de personajes no hetero negros (como Titus de Unbreakable Kimmy Schmidt), latinos o asiáticos siguen estando en franca minoría.

Como señala The Verge, aquí estamos hablando sólo de números y de estadísticas, lo cual no tiene que suponer forzosamente un cambio a mejor. Pero quienes recuerden esa época, no tan lejana, en la que ver un personaje gay o lesbiana en TV (y no digamos transgénero) estaba dos grados más abajo de la ciencia-ficción, entenderán que el panorama sí ha evolucionado. Además: a más diversidad en los elencos, más historias posibles. Y, en definitiva, más diversión.

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