Siempre me ha resultado incomprensible que, desde antaño, en las casas normalmente la cocina se deje en manos de las mujeres, y sin embargo la cocina profesional esté colonizada por hombres.

Me imagino que hace cinco décadas cuando la mujer se emancipó con el movimiento de la “liberación femenina”, el salir de la cocina (obligatorio hasta entonces en sus hogares) era una necesidad para no heredar la esclavitud de las madres, cuyo trabajo nada valorado era cocinar y criar hijos.

¿Por qué emanciparse con un trabajo dónde el pelar papas y limpiar cacharros, era lo mismo que tenían que hacer en sus casas? La idea era salir de las cocinas, por eso, ese espacio se cedió a los hombres, ya que no formaba parte del proceso de liberación…, quizás ese sea el motivo por el que se ha tardado tanto en pelearlo.

En aquel entonces, los restaurantes fueron creados como negocios y para ello se requería un chef, un jefe, que es lo que significa, o lo que es lo mismo, un hombre cuyo objetivo era hacerlo rentable. Eso en una mujer era inconcebible, ya que una mujer siente la cocina como algo creativo y emocional.

Entregarle a una mujer ese espacio tan emocional y tan placentero, después de conquistarlo cuando ellas lo abandonan para conquistar el espacio de los hombres, era inadmisible.

Por ello tratan de mantener la cocina industrial como un circuito cerrado, por un elemento de poder.

En una realidad como la actual, van apareciendo mujeres chef, y que se multiplican las escuelas  con un alumnado paritario, también en las de alta gastronomía. En el ámbito de la gerencia gastronómica, el poder masculino está en retroceso y el de las mujeres avanzando.

No olvidemos que la alimentación es un poder y un negocio y la cocina es una profesión muy compleja, que va directamente al placer, pero que también es nutrición y mejores condiciones de vida.

Ahora sí que podemos dar una noticia como la siguiente:

Elena Arzak, mejor cocinera del mundo

La revista especializada británica ‘Restaurant’ ha concedido a Elena Arzak el premio que le distingue como la mejor cocinera del mundo en 2012, el galardón ‘Veuve Clicquot’, en reconocimiento a su “innovación, creatividad y determinación” en el mundo gastronómico.

La publicación ha subrayado que este galardón reconoce el “trabajo” de una “excepcional mujer” cuyos platos han “entusiasmado” a los críticos gastronómicos “más exigentes”. “El premio está inspirado en la vida y los logros de madame Clicquot, que hace casi 200 años, estableció los estándares de la mujer en el mundo empresarial. La ganadora (Elena Arzak) refleja los cualidades de innovación, creatividad y determinación de madame Clicquot”, ha asegurado la revista.

La publicación gastronómica ha explicado, en un comunicado, que Elena Arzak pertenece a la cuarta generación de cocineros de la familia Arzak, que abrió su primer restaurante en 1897, y ha destacado su experiencia al frente de este establecimiento en los últimos cinco años, en los que que ha logrado situarlo “consistentemente” en el ‘top ten’ de la lista de los 50 mejores restaurantes del mundo, además de ser “el primer restaurante vasco galardonado con tres estrellas Michelin”.

Tras recordar que Elena Arzak pertenece a una familia “muy condecorada” por su trayectoria en la escena gastronómica, la revista ‘Restaurant’ ha destacado que su padre, Juan Mai Arzak, fue distinguido en 2011 con el Premio a la trayectoria de toda una vida en la ceremonia de entrega de los galardones a los 50 mejores restaurantes del mundo, que cada año concede la publicación especializada y que entregará el 30 de abril de 2012 en Londres (Reino Unido).

APRENDIÓ EL OFICIO “EN CASA”

“Tras haber aprendido su oficio en casa, Elena amplió sus horizontes viajando por el mundo. Estudió en Lucerna (Suiza), antes de pasar a las grandes cocinas de Europa, incluidas Maison Troisgros, Bras y Pierre Gagnaire en Francia, Le Gavroche en Londres y El Bulli en España, antes de regresar al negocio familia”, ha explicado la revista.

‘Restaurant’ ha asegurado que Elena Arzak “se ha ganado el respeto internacional por su constante evolución y su enfoque de la cocina innovador y basado en la investigación con el objetivo de cocinar y experimentar con los sabores”.

“Con su resuelta dedicación a Arzak y a lo que representa su firma en la cocina vasca, Elena supervisa no sólo un floreciente restaurante trabajando en tandem con su famoso padre, Juan Mari, y ha logrado que sea hoy sea reconocido como uno de los restaurantes más influyentes del mundo”, ha dicho la revista Restaurant, que en 2011 entregó su galardón a la mejor cocinera a la francesa Anne-Sophie Pic.

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