La aventura de ligarMucha gente cree que entendernos entre mujeres es bien sencillo, sólo basta con vernos ir juntas al baño para pensar que existe una buena conexión;… pero habría que definir que tipo de entendimiento buscamos. Hacer amigas es una cosa, pero no resulta tan fácil conocer mujeres lesbianas, que a parte de que puedan ser una buena compañía en ese cuarto de baño, también nos puedan seducir con una interesante conversación, con una madurez envidiable, con una simpatía apasionada, con una sonrisa incondicional, o sea, que nos atraigan, las atraigamos o que tengamos alguna posibilidad de llegar a ser pareja. Esto último es bastante presuntuoso en un primer encuentro.

Ahí ya entra el “dónde voy a conocer mujeres que vayan predispuestas a dejarse ligar” y encima que entren dentro de mis perspectivas. Si salimos con la única intención de ligar y acudimos a un lugar que sea estrictamente de ambiente, se suele confiar disparatadamente en la primera mirada que se cruce; nos volvemos descuidadas en las formas porque creemos que quienes van a esos sitios lo hacen con las mismas intenciones que nosotras. Si por el contrario es en un lugar abierto a todo tipo de público aprobamos un poco más la elección haciendo uso de ese radar que todas creemos tener y que en verdad desarrollamos a lo largo de nuestras experiencias, tendiendo a pensar que sólo ahí, en un ambiente fuera del ambiente, es donde encontraremos el gran amor de nuestras vidas porque de entrada ya descartamos ese pensamiento lleno de retorcidas intenciones de la otra así como las nuestras. Es curioso como llegamos a ser partícipes de ese rumor, poco fiable a mi entender, de que en los lugares de ambiente sólo hay vicio y que la única manera de que te respeten o te valoren es eliminarlos de tu itinerario en esa búsqueda crucial.

Ni lo uno ni lo otro tienen por qué ser siempre un continuo, aunque si es cierto que supone tan arriesgado conocer a lesbianas fieles en lugares de ambiente como lesbianas visibles fuera de él.

A pesar de todo, no se sabe si es cuestión de suerte, del destino, de casualidad o de cómo se vaya predispuesta a la búsqueda de la intimidad de dos, pero el caso es que siempre habrá quienes consigan lo que no esperan de ese mundo del ligoteo en los lugares más recónditos e insospechables y también quienes por mucho empeño que pongan en los mínimos detalles de su habitual cortejo, vuelvan solas, desalentadas y lujuriosas a sus casas.

Seguro que alguna vez han oído el chiste de “¿qué es lo que las lesbianas llevamos a nuestra segunda cita? – la maleta”; pues nace de la idea de que las mujeres que salimos con otras mujeres tendemos a considerar todo este período de ligue y seducción como un primer paso consentido a un compromiso bastante profundo con la otra persona. No creo que queramos ser diferentes de las demás parejas gays o heteros sino que es una cuestión de educación. En general, a las mujeres nos han educado no solo para liarnos a la primera en una relación, sino para vivir esa pasión plenamente con ella, para intentar compenetrarnos y entregarnos al 100% expresando siempre y libremente nuestros sentimientos y apasionamientos. Tenemos tan inculcada la presunta mentalidad machista de que una mujer tiene que estar emparejada porque por si misma no se vale y necesita de alguien que le cuide, que incluso nos llegamos a sentir realmente mal, marginadas, perdidas y en ocasiones rozamos el borde de la depresión, si nos vemos un largo período sin pareja. Se nos va tanto en esto del ligue que envidiamos a la que lo tiene y a la que no la rebajamos.

En realidad, el ligue es tan sólo una primera y cortísima etapa que puede o no evolucionar dependiendo de si hemos sido nosotras mismas conforme a nuestras circunstancias e improvisando con lo más natural de nosotras o por el contrario, simulando estar a la altura de las circunstancias de la otra, ciñéndonos estrictamente a un guión diseñado para estas ocasiones que siempre reservamos para impresionarlas.

Los motivos por los que nos aventuramos a entrar en el juego del ligoteo son mucho más diversos que cualquiera de las técnicas de ligue más efectivas. Unas lo hacen con el fin de no sentirse solas; algunas con la expectativa de encontrar pareja para toda la vida; otras por la necesidad impetuosa de enamorarse y hasta hay quienes ligan por un fortuito capricho de la vida. No quisiera olvidarme de las que lo hacen por diversión, por desesperación, por pasarlo bien, porque les invitan a una copa, por destacar al sentirse gustadas, por una apuesta, etc.

Tengamos bien presente que cuando nos aventuramos a ligar con alguien que nos atrae, abrimos las puertas a muchas posibilidades, por lo que convendría tener en cuenta que la diferencia de perspectivas en esta hazaña, es casi el inconveniente más significativo, del que casi nunca nos percatamos la mayoría al comienzo, y el que con toda seguridad si no advertimos con tiempo hablándolo sin tapujos y dejando claro cuales son nuestras expectativas, nos puede llevar a la decepción y a la inevitable ruptura. Es evidente que si en la relación avanzamos las dos con la mirada dirigida a horizontes opuestos o a una ligera distancia la una de la otra, nos terminaremos perdiendo en el camino y probablemente echándole la culpa a la otra, o lo que es peor aún, a nosotras mismas. Aunque algunas lo piensen, el hablar de a lo que si estamos dispuestas y a lo que no, no mata la pasión, siempre y cuando lo hagas sin exigencias, con respeto y con la buena intención de llegar a un buen entendimiento que concluya quizás en el comienzo de un bonito romance o si no pudiese ser, siempre queda contar con una nueva amiga o una buena aliada para tener presente lo que no resulta. Para aquellas que son incapaces de lo uno ni lo otro, siempre hay una tercera opción, el quebradero de cabeza que se nos queda por no tener destreza para tratar la situación. Démonos tiempo suficiente para salir, charlar, conocernos (aunque sabemos que se necesita casi toda una vida para llegar a conocer a alguien) con el único objetivo de intuir si verdaderamente funcionará o no sin pasar por alto que ciertas coincidencias en gustos comunes no son suficientes para un final feliz.

No me malinterpreten, no intento hacerles llegar que el ligar es un arte que sólo está al alcance de unas pocas, al contrario, creo que analizando honestamente nuestros deseos, teniendo claro cuales son nuestros propios límites y respetar a nuestra prójima con una sincera comunicación, cualquiera de nosotras estamos en el punto de partida de la aventura de ligar.

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2 comentarios.

  1. Esme dice:

    Si que me has hecho pensar.
    Admito que soy de las que piensan que ir a ligar en sitios de ambiente, no es lo recomendable si se busca algo serio y todo sucede muy rapido, se resume todo el proceso. La emocion de conocer a alguien (que ni te va ni te viene) y que al frecuentarle (por una u otra razon) le vas conociendo y de un momento a otro te das cuenta que te enamoraste. Luego esa “preocupacion” de si te correspondera o no y se van teniendo detalles e indirectas que desembocan en una confesion casi cardiaca.

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