A pesar de no haberme prometido nunca nada, ni siquiera un insulso “tal vez” de madrugada, dueles mucho más de lo que me convendría; se me desgarra una y otra vez la herida. Eso es jodido, teniendo en cuenta que tú tendrás a otra a la que le prometerás toda tu vida, que es lo que se me escurre a mí a medida que pasan los días.

Al margen de eso, mi parte más sádica sigue encantada de que me robes el sueño, que me confundas el pensamiento, que sigas paseándote por aquí dentro, en el meollo de este corazón que palpita afónico sin dueño.

No me voy a sentir mal por mentir, por latir, por ser algo pesada, o por quererte de mala manera como si fuese una chiflada. Mi corazón está geométrico, se le marcan las esquinas, y en cada una de ellas brilla tu puto nombre; un nombre, preciosa, que empieza por “M” y, joder, nunca termina.

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