Si pudiera, si me dejaras, si me lo permitieras, te escucharía y luego te besaría la voz. Después de besar las lágrimas de las nubes, porque a veces cuando te leo me hablas a través de ellas. Siempre lo haces, a ratos eres auténtica, a ratos das miedo. Sea como sea me invades el pensamiento. Sí, sigo leyendo todo lo que escribes, aunque no te lo diga. Es una anémica forma de volver a sentirte junto a mí. Ojalá volvieras. No, ojalá regresaras, porque dentro de ese verbo está mi nombre. Y yo me fumaría la vida entera esperándote, porque dentro de ese vicio está el tuyo.

Y, al pensar en ti, por mucho que duelas, se me sigue asomando una sonrisa a la boca. Unas veces tímida, otras valiente, depende de cómo me haya despertado.

Es normal. Estés en el país que estés, visites la ciudad que visites, o te levantes de la cama de quien te levantes, lo cierto es… que haces un día precioso. Fuiste mi más linda casualidad. Solo por eso, merece la pena soportar que vivamos cada una en un extremo del mundo.

Be Sociable, Share!

Deja un comentario