madreono

El querer tener un hijo es posible que sea debido al papel que la mujer siempre ha tenido en la sociedad y no tanto al deseo particular de cada mujer de ser madre. ¿El instinto maternal es real? ¿Es un hecho natural que las mujeres quieran ser mamás, o se debe más bien a una imposición social?

Hoy en día la situación ha cambiado notablemente a comparación con el pasado. Las mujeres suelen tener hijos a una edad más tardía. Incluso se conocen casos de mujeres que tienen a su primer retoño a los 40 años. Situaciones en la vida, como el trabajo, el no encontrar a la pareja adecuada, la falta de tiempo, el tener metas y objetivos incompatibles con la maternidad, sus recuerdos de infancia, la relación con sus padres – , etc., van a influir en la decisión de tener hijos y también de cuando tenerlos.

Si por instinto maternal nos referimos a algo innato que nos impulsa a tener hijos, no existe de ese modo. No es un instinto sino más bien una preferencia que se relaciona con el tipo de relación que se haya tenido en la infancia con los progenitores, entre otros factores. El instinto estaría mas relacionado con la protección y cuidado de nuestros hijos una vez que han nacido.

La clave está en que la mujer sienta y acepte la feminidad con algo totalmente compatible con ser madre. El que una chica sienta que ser madre le resultará un hecho placentero, y no como un sacrificio. Es un tema muy personal en cada mujer, ya que dependerá totalmente de sus vivencias, de sus emociones y sensaciones y de su forma de ser.

Los expertos recalcan que el sentimiento maternal innato no se halla en sí, sino que viene condicionado por estas experiencias vividas. Todo este sentimiento se hace más fuerte y positivo si la futura mamá tiene un embarazo tranquilo, un apoyo del padre de la criatura, vivir la experiencia del embarazo con ilusión… Todas estas experiencias ayudarán a que el sentimiento de ser mamá crezca.

¿Existe el instinto maternal?

Estamos acostumbrados a una sociedad en la que el rol de la mujer suele ser casarse y formar una familia. A muchas mujeres les hace feliz ese tipo de vida, pero ¿qué pasa cuando otras no sienten que esa forma d+e vida es la que quieren llevar?, suele estar mal visto que una mujer no quiera tener niños.

El instinto maternal no se ha demostrado que exista. A algunas mujeres les encantan los niños y nada les hace más felices que ser madres, pero también hay otras que no lo desean, es más, tener un niño les causaría infelicidad.

La antropóloga Nancy Scheper-Hughes afirma que el instinto maternal no existe, lo que sí sienten muchas mujeres es que llega la hora de ser madre, pero habitualmente es producido por las creencias, cultura y sociedad que parece que lo inculca.

Varios estudios psicológicos acerca del instinto maternal, también nos confirman que éste aparece cuando nace el niño y no antes. Una vez nace el hijo sale el instinto como medida de proteger y cuidar al recién nacido. No está claro que exista un reloj biológico donde aparezca instintivamente el deseo de ser madre, los diferentes estudios se decantan más hacia el ladoracional, donde cada mujer lo decide por diferentes causas pero no porque aparezca el instinto.

El llamado instinto maternal es una construcción social, algo aprendido, por lo que se puede renunciar a él, la maternidad sería simbólica o un deseo que se construye en el seno de las sociedades y cambia con la historia.

Se ha hecho una distinción entre maternidad y maternaje, ya que mientras la primera se refiere a los meses de gestación del bebé, el segundo término está relacionado con todo lo que necesita ese “cachorro humano” para convertirse en una persona psíquica con valores, deseos, actitudes y comportamientos éticos.

Hoy se puede hablar de que el amor maternal tiene niveles que pueden ir de querer mucho a no amar nada, de ahí que “si realmente fuera instinto sería impensable que una madre dejara a su hijo en un bote de basura o pasara por duros procesos de fertilidad como la implantación de óvulos fecundados con tal de ser madres”.

Desde hace varios años los conceptos de instinto y naturaleza humana son suficientes para explicar ese fenómeno; no obstante, cuesta trabajo pensar que el amor de una madre por sus hijos, tan poderoso y generalizado, no sea algo innato.

El instinto es la reacción inmediata a determinados estímulos. En este sentido, actuar desde el instinto significa por ejemplo escapar de un peligro, buscar protección o buscar proteger a nuestros seres cercanos, buscar satisfacer determinadas necesidades, etc. Para las corrientes biolgicistas, el instinto en el ser humano se puede dar de dos diferentes maneras: el instinto de supervivencia, aquel que nos lleva a adaptarnos a diversas realidades con el fin de suplir las necesidades básicas, y el instinto de reproducción, aquel que tiene como objetivo hacer perdurar la especie por sobre todas las cosas.

El instinto es primordialmente hereditario y no es algo que se pueda aprender. De tal modo, es común a toda la especie y no varía de acuerdo a la educación que cada individuo reciba, al estilo de vida que lleve o a los recursos con los que cuente para vivir. Como tiene como objetivo básico la adaptación a una nueva realidad compleja y diferente, el instinto es, en términos biológicos, aquello que permite la supervivencia y la evolución de la especie en cuestión.

Muchas teorías sociales y expertos de las ramas de la antropología, la psicología y la sociología, sostienen que el instinto en el ser humano puede ser considerado como casi inexistente o nulo. Esto se explica a través del hecho de que el ser humano es el único ser vivo que interactúa en un medio cultural en el cual las reacciones biológicas y ‘salvajes’ están neutralizadas o aplacadas. De tal modo, estas corrientes explican que hoy en día sería imposible para un ser humano indefenso recurrir a su instinto de supervivencia original con el objetivo de sobrevivir en medios inhóspitos debido a que la raza humana ha perdido contacto con este tipo de reacciones.

El término innato proviene del latín innātus (innasci, “nacer en”) y se refiere a aquello que resulta natural para un sujeto ya que nace con él mismo. Congénito

“El instinto materno – explica Volnovich – es un mito de la modernidad. Como las madres no criaban a sus hijos, la mortalidad infantil estaba en estrecha relación con la dificultad para encontrarles nodrizas o con la incompetencias de ellas. Según Elizabeth Badinter en su libro “Existe el amor maternal”, de los 21 mil niños nacidos en 1780 en París, sólo mil permanecieron con sus madres; otros mil, de familias acaudaladas, fueron amamantados por nodrizas en la casa paterna, y los 19 mil niños restantes fueron entregados, desde el momento mismo del nacimiento, a nodrizas a sueldo que los criaban en el campo. Un 90 por ciento de ellos no pasó el primer año. Las estadísticas de la época consignan que hasta casi fines del 1700, eran muchos los niños que morían sin haber conocido la mirada de su madre.

El mito del amor maternal es en este sentido, un intento de contención de ese infanticidio que estaba despoblando Europa. No es casual: de esa época datan los primeros censos, y ellos permiten comprobar que la Europa que necesita soldados para las guerras imperiales y colonizadores para poblar las colonias, se está quedando vacía. A partir de 1760, empiezan a aparecer en Francia publicaciones que aconsejan a las madres la atención personal de los bebés.

Eso que hoy conocemos, padecemos y disfrutamos como algo “instintivo”, “natural”, “incondicional”, no tiene nada de instintivo: es una construcción social que surge de esa época, e identifica a la mujer con su función de madres, a partir de discursos económicos, filosóficos, y fundamentalmente ideológicos, como el de Rousseau. Las dulzuras de la maternidad fueron objeto de una exaltación infinita; ser madre devino así en un deber impuesto, pero también en la actividad más envidiable y gratificante que podía esperar una mujer” (Volnovich, 1993)

¿QUÉ PASA CUANDO UNA MUJER AFIRMA QUE NO QUIERE SER MADRE?

Cuando se cuenta a amistades, familia, conocidos, etc.. suele estar mal visto. Incluso se puede tachar de egoísmo e insensibilidad. La sociedad está muy apegada a las costumbres que se nos han impuesto, cuando algo se sale de lo tradicional es automáticamente rechazado y criticado, pero eso no significa que otras decisiones que se salgan de lo habitual sean peores, simplemente esta sociedad todavía no está preparada para entender que no todo el mundo es igual.

La mente suele estar programada para las costumbres de siempre, sólo las personas flexibles y abiertas de mente son capaces de entender que cada ser humano tiene unas necesidades y gustos diferentes y no todo el mundo es feliz con el mismo tipo de vida. Lo que para uno puede ser un estilo de vida de ensueño, para otra persona puede ser un calvario.

Actualmente hay cada vez más mujeres que son capaces de no escuchar las tradiciones que el medio nos imponen, se escuchan a sí mismas para llevar la vida que realmente desean. ¿por qué no querer ser madre es catalogado como egoísmo? Porque mirar por uno mismo está todavía mal visto, querer tener libertad y no querer ocuparse de las necesidades y responsabilidades que engloba un hijo suena a egoísmo, cuando en realidad hay muchas mujeres que no quieren ser madres y son sensibles y generosas, simplemente han tomado la decisión y prefieren otro estilo de vida.

DIFERENTES MOTIVOS PARA DECIR SI O NO A SER MADRE

No siempre la decisión de ser madre es tan fácil como escucharnos a nosotras mismas y ver si nos hace felices tenerlo o no. A veces los deseos están modificados por la razón y aprendizaje. Es como por ejemplo el instinto sexual, podríamos decir que todo ser humano lo posee, pero unos lo usan sin amor, otros sólo con amor porque su razón les dice que no está bien hacerlo de otra manera, y otros no hacen uso del sexo por diferentes creencias religiosas.

Lo cierto es que la mente domina gran parte de los instintos. Lo mismo podría pasar con el instinto maternal, algunas podrían poseerlo pero su razón les frena porque han puesto en una balanza los pros y los contras y sienten que hay muchas más contras y no sería lo más apropiado.

También otro temor muy extendido por el que muchas se decantan por no ser madres es el miedo a los cambios, ya que repente se pasa a otra etapa diferente y una vez tomada la decisión no hay marcha atrás.

Cada mujer es dueña de su vida y debería tomar la decisión que mueva su felicidad y la que más le convenga a su situación personal, dejando de lado las opiniones sociales.

El estereotipo persistente de madre ha quedado vinculado a la subordinación, por lo que a cierta edad se debe elegir entre dar a luz o el desarrollo profesional.

Be Sociable, Share!

Deja un comentario