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“Hola, soy Big Rabbit. He vuelto. Muchas gracias por todo, contactaré con vosotros en cuanto descanse un poco. Gracias”. Con esta declaración, subida a una red social al poco de ser excarcelada, la activista china Zheng Churan agradecía las muestras de apoyo recabadas durante su cautiverio, que resultaron vitales para su liberación. Sus palabras veían la luz pasada la medianoche del lunes 13 de abril cuando, tras vencer la fecha límite del plazo que tenía la Fiscalía para decidir si llevaba a juicio o no a las cinco feministas arrestadas en el país, se confirmaba que habían sido puestas en libertad condicional, según dijo su abogado, Liang Xiaojun. “Estarán vigiladas por la policía durante un año”, informó, “y su libertad de movimientos quedará limitada. Además, podrán ser citadas a declarar en el futuro, por lo que tendrán que informar de su paradero en todo momento”.

De esta manera se ponía fin a la incertidumbre generada en el mundo por la detención de cinco de las feministas más activas y prominentes de China hoy en día. Y es que estas mujeres gozan de una excelente reputación tanto dentro como fuera de su país. Desde hace unos años, todas ellas desempeñan tareas de dirección o coordinación en diversas organizaciones y ONG que luchan por causas sociales tales como los derechos de la mujer, del colectivo LGTB y de los enfermos de sida. Según explicó la activista y estudiosa del feminismo chino Zeng Jinyan en un artículo, forman parte de un creciente grupo de jóvenes que han hecho de internet y de las calles el foro donde mostrar su enfado ante “la tóxica vitalidad del sexismo en la China actual”, una actitud intensificada en los últimos años.

Este nuevo feminismo utiliza redes sociales como WeChat o Weibo para que sus acciones y reivindicaciones lleguen a amplios sectores de la población. A lo largo del tiempo, su efecto no ha pasado inadvertido y las autoridades locales han tomado nota de sus quejas para luego incluirlas en sus políticas. Entre sus acciones más sonadas, el rapado de cabeza que varias chicas se infligieron para protestar contra la desigualdad en el acceso a la universidad, la performance ejecutada en plena calle con el objetivo de reivindicar más aseos femeninos en la vía pública o vestirse (dos de las detenidas) con un traje de novia salpicado de falsa sangre en protesta contra la violencia doméstica al grito de Sí al amor, no a la violencia.

Por eso a Jinyan le cuesta entender por qué, tras ser elogiadas dentro y fuera de sus fronteras debido a sus campañas y haber ayudado al Gobierno a implementar algunas de sus políticas, esas mismas autoridades que abanderaban muchas de sus reivindicaciones ahora las encarcelan y las castigan.

Como recordaban los padres de las detenidas en una carta abierta dirigida al Ejecutivo de su país, estas mujeres no habían desafiado en ningún momento al Partido Comunista ni tratado temas delicados como Tíbet o Tiannanmén. Nadie alcanzaba a entender el porqué de su arresto. Desde el 8 de marzo, sus abogados han relatado las malas condiciones que han padecido en su confinamiento. Frances Eve, de Chinese Human Rights Defenders, informó de que mientras tres de ellas permanecían custodiadas en el distrito pequinés de Haidan, otras dos tuvieron que ser hospitalizadas varios días después de su aprehensión por el deterioro de su salud.

Li Maizi protesta contra la misoginia de la gala del Año Nuevo chino (2015).

Para muchas de las asociaciones consultadas, no deja de ser irónico el hecho de que los arrestos se produjeran en los días previos a la celebración del Día de la Mujer, en un año en el que Pekín no ha dejado de recibir elogios por la adopción de medidas destinadas a reducir la desigualdad, como su nueva ley contra la violencia doméstica o la aprobación de una extensión de la excedencia por maternidad de hasta tres años. Para más inri, en septiembre próximo se celebrarán en el país asiático los fastos que conmemoran el 20º Aniversario de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, encuentro en el que Hillary Clinton declamó su famoso “los derechos de las mujeres son derechos humanos”.

El espaldarazo de la candidata a la Casa Blanca a la campaña lanzada en Twitter bajo el viral #freethefive fue uno más de entre los cientos de miles que esta acción ha recabado en todo el mundo. Declaraciones como la de Clinton o John Kerry molestaron a unas autoridades chinas que, por medio de Hong Lei, portavoz de Exteriores, acusaron a Estados Unidos de interferir en los asuntos internos del país.

Además, como dos de las detenidas son lesbianas y otra bisexual, organizaciones internacionales que luchan por los derechos del colectivo LGTB se involucraron de lleno en la defensa de estas cinco mujeres. Es el caso de All Out, que el año pasado colaboró con la detenida Li Tingting en una campaña para terminar con las terapias de conversión de gays, y que desde su encarcelamiento recabó más de 100.000 firmas solicitando su liberación, las mismas que más tarde entregaron en diferentes embajadas chinas de todo el mundo.

Y es que el movimiento feminista no ha dejado de recibir apoyos desde que se produjeron las detenciones. Maya Wong, de Human Rights Watch China, explicó que mientras en el pasado estaba dirigido por “académicas que basaban su acción en una crítica intelectual a través de los medios”, la corriente actual se ha vuelto más activa, con mujeres jóvenes, independientes y muy cualificadas que han tomado la vía de la acción directa, “algo tolerado hasta ahora y que ha servido para sacar a debate cuestiones de género reflejadas luego en las políticas adoptadas por las autoridades”.

En su opinión, la nueva legislación sobre violencia doméstica que el Gobierno se dispone a aprobar “no hubiera salido adelante sin la acción de estas activistas”. La futura normativa define por primera vez este tipo de agresiones -que, se calcula, sufren un 25% de las casadas- y prevé la aplicación de unas penas para los agresores hasta el momento desconocidas en el país asiático, como las órdenes de alejamiento o la asistencia médica, psicológica y jurídica a las víctimas.

Pero no solo en el ámbito doméstico las chinas se enfrentan a la violencia machista. Con un mercado laboral cada vez más abierto, su día a día se ve trufado de ataques a la libertad. Un estudio realizado en 2013 por el Sunflower Women Workers Center, publicado por el China Labour Bulletin, revelaba que un 70% de las trabajadoras de las fábricas textiles de la ciudad de Guangzhou había padecido algún tipo de violencia verbal, mientras que un 32% sufrió tocamientos y una de cada cuatro recibió llamadas o mensajes obscenos.

Geoffry Crothall, director de Comunicación del China Labour Bulletin, apunta que se sigue discriminando a las embarazadas, “en ocasiones forzadas a dejar su empleo para ahorrar los costes de la baja maternal”. Además, destaca que muchas ofertas laborales incluyen requisitos específicos solo para mujeres que no guardan ninguna relación con el puesto de trabajo, “como tener menos de 35 años o medir más de 1,65 cm”.

Los datos así lo reflejan: la brecha salarial entre hombres y mujeres es del 30%, un 60% de las casadas depende de los ingresos de su marido y su presencia en los puestos del Gobierno es menor que en la época de Mao, con solo dos mujeres en el Politburó.

Wong, de HRW, lo tiene claro: “La razón de estas detenciones es la paranoia del Gobierno hacia todos los movimientos sociales”. Motivos no le faltan para opinar así. En la China de Xi Jinping, la intolerancia hacia cualquier atisbo de disensión está alcanzando sus cotas más elevadas, y según datos de CHRD, unos mil activistas fueron detenidos en 2014.

Desde que Jinping asumió el poder en 2012, los objetivos de la censura y la represión se han visto ampliados. De los 17 potenciales grupos objetivo de ataques identificados por la organización Freedom House en un reciente estudio, 11 han experimentado un incremento en el número de arrestos, encarcelaciones, palizas y otros abusos. Con lo sucedido en el último mes, parece ser que los colectivos feministas han pasado a engrosar esta lúgubre lista. Aunque en el futuro aún pueden ser acusadas, las cinco activistas han sido liberadas y se respira un cierto alivio en el ambiente. “Quizá esta sea la manera que tiene el Gobierno de ceder a la presión internacional”, explica la defensora de los derechos humanos Frances Eve. Y añade: “En vez de encarcelarlas, son el tipo de mujeres con las que el Ejecutivo chino debería trabajar”.

Parece que los días en los que el feminismo gozaba de una mayor permisividad que otros movimientos han llegado a su fin. La profesora universitaria especialista en la materia Wang Zheng así lo expresaba en una entrevista para ChinaChange.org: “El feminismo ha disfrutado hasta hoy de una libertad especial, pero asiste ahora a un momento en el que a cada ciudadano de China, sea hombre o mujer, se le niegan sus derechos políticos más básicos”.

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Categorías: CMB-2015, Crónicas, Feminismo, Mayo

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