A menudo tendemos a darle un sentido negativo a la sensación de miedo, como algo que nos paraliza, nos limita o nos acosa de forma intermitente a lo largo de nuestras vidas.

 No es de extrañar, partiendo de la idea que de él nos da el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE): ‘Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo real o imaginario’ o ‘Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea’.

 Sin embargo, la definición del miedo que nos aportan los libros de psicología y de autoayuda, dista mucho de esta: El miedo es considerado como unaemoción que reconocemos a través de una serie de cambios fisiológicos relacionados con el sistema nervioso, siendo su sentido básico el de la protección ante estímulos peligrosos o novedosos, que en sí mismos producen temor’.

 De una forma básica, podemos decir, que los seres humanos sentimos miedo, cada vez que nos enfrentamos a una situación nueva. Esto es relativamente frecuente a lo largo de la vida, por lo que el miedo no se supera nunca mientras sigamos viviendo. Pero sí podemos aprender a manejarlo a medida que vamos ganando confianza, para que no nos paralice o nos invalide.

 Un ejemplo claro lo tenemos en nuestra vida como lesbianas. Podemos sentir miedo a “salir del armario”; miedo al rechazo o miedo a reacciones de nuestro entorno que nos puedan producir dolor o malestar. En este caso, el miedo es nuestro mayor baluarte. Nos protege ante los posibles efectos secundarios de nuestra acción, porque no estamos preparadas para sus inciertas o dudosas consecuencias. En definitiva, solo cuando adquirimos la confianza suficiente, es cuando nos atrevemos y podemos hacerlo sin tener que pagar una alta factura por ello.

 Otro ejemplo podría ser el siguiente: ¿quién es capaz de tomar una droga como la heroína, que lleva a la muerte como sello identificativo? Solo quienes no tienen suficiente apego a la vida y por tanto, no temen su propia autodestrucción. Quien tiene miedo a la muerte o a los efectos adversos de una droga, se protege ante ella y no tienta a la suerte consumiéndola.

 Así que veamos al miedo como nuestro gran aliado ante la vida, ante  situaciones nuevas, delicadas o de peligro. Hagamos las paces con él y entendamos que solo cuando la confianza entra en equilibrio con el miedo, se pone en marcha nuestra creatividad, para dar un gran salto en el proceso de nuestra propia evolución.

Escrito por: Anaes

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Categorías: CMB-2010, Cuenta-Les, Febrero

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