Artículo 134 del código penal iraní: “Si dos mujeres sin vínculos yacen desnudas bajo la misma manta, sin necesidad, serán condenadas a menos de cien latigazos. Si el delito y el castigo se repitieran tres veces, recibirían cien latigazos”.

Artículo 129: “El castigo para las tríbadas es de cien latigazos”

Artículo 131: “A la cuarta vez, el castigo es la muerte”.

 El maltrato, el desprecio, el ocultismo, el aislamiento, la humillación, la muerte… Consecuencias de asumir una manera de sentir contraria a lo postulado en el Corán, libro sagrado en Irán, uno de los países donde los homosexuales sólo pueden sobrevivir si fingen ser quienes no son, si se ponen una máscara, si esconden su esencia, si ocultan su verdadera vida tras las costumbres lícitas de uno de tantos países de Oriente donde todavía existe la pena de muerte para castigar una orientación sexual que difiere de la lógica religiosa, lo que resulta humanamente ilógico.

 Este libro es mucho más que un diario personal de una mujer lesbiana iraní exiliada en Italia; es una auténtica crónica de vida, pues nos muestra sin velo alguno la lucha diaria y constante, a nivel personal y social, de las mujeres iraníes en una sociedad donde la doble condición de mujer y de lesbiana conlleva un sufrimiento y una represión  mayores que en otros lugares del mundo. Pero ser lesbiana, homosexual en general, en Irán no es un acto de valentía, sino un acto de vida, pues el que así siente tarde o temprano se revuelve bajo la máscara que ya quema sobre la piel y busca la respiración, porque no puede ser de otra manera, porque no le es dado vivir de otra manera. No es una persona valiente, es una persona. La obra nos hace ver que toda religión que oprime el espíritu y censura el alma y el cuerpo es cruelmente inhumana y debería ser prohibida, pues es en sí misma un atentado contra los derechos humanos. La autora de este libro, a pesar de ocultar su nombre, comprensible si quiere preservar su vida, es una voz más que viene a confirmar los errores del ser humano. El error está en que es el hombre el que crea a los dioses a su imagen y semejanza y no al revés; un hombre que inventa represivas normas morales para condenar lo que le da miedo sentir. ¿Qué dios, ya sea cristiano o islámico, que se alza sobre los fundamentos básicos de la existencia del ser humano, podría condenar el amor entre las personas? La existencia de los dioses sólo debiera ser posible si éstos fuesen humanos, esto es, si comprendiesen de verdad el universo emotivo que sostiene al ser humano, un universo sin límites. Sólo los hombres cobardes hacen dioses cobardes para consolarse y justificarse los unos a los otros.

En la obra se alude a la existencia de una Oficina para la represión del vicio y para la promoción de la virtud, una especie de Gran hermano orwelliano al estilo iraní que espía y saca a la luz toda conducta moralmente reprobable. Pero… ¿puede haber más virtud que la defensa de la verdad del alma y mayor vicio que su condena?

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Categorías: CMB-2009, Julio, Lectura-Les

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