en la cafeteria

Capítulo 15

En la cafetería

  Allí nos encontrábamos todas absortas en lo que hablábamos, en las historias que habían sucedido durante 25 años, de lo estudiado o trabajado, de los amores, de las familias y de todo un poco. Por fin estábamos todas juntas y a la vez que seguíamos siendo las mismas, también éramos otras, forjadas por las experiencias vividas.

 Este reencuentro, nos permitió volver a vivir el pasado desde un presente, que tal vez no se parezca al que soñamos o esperamos para todas nosotras, pero ha sido conmovedor regresar a nuestros recuerdos.

 Supongo que el hecho de que nos reconociéramos a pesar de nuestras nuevas historias y pudiéramos tener una conversación tan incondicional como antaño, dijo bastante de nuestra antigua relación, a pesar de que en su momento, alguna de nosotras se sintió abatida por la despedida, pero es parte indispensable para la preparación del reencuentro.

 En aquel instante, nos dimos cuenta, que ese distanciamiento inconciente fue un gran error. Desde el primer minuto que nos vimos, sentimos la misma entrega de amistad, cariño, recuerdos, emociones y mucha alegría de volver a reencontrarnos, considerando que el tiempo ha sanado cualquier herida, rencor, desacuerdo que hubiera entre alguna, producto de la madurez que se respiraba.

 El dar la razón a que efectivamente el paso del tiempo es implacable reconociendo las arrugas que han empezado a aparecer junto a miles de historias de vida. Cada una, una gran historia, por mala o buena que sea.

 Allí las tenía a todas reunidas de nuevo, a quienes había reclutado en el club de las veranizadas. Me sentía como lideresa de un equipo transgresor, capaz de romper con todos los esquemas machistas a distintos niveles de feminismo y situadas en el imposible de estancarnos en un solo pensamiento.

Un equipo que había formado yo con distintas artimañas y un solo compromiso avalado por lo que me unía a cada una de ellas.

 Marta pasó de ser una mujer atrevida, a ser más cautelosa en los devanares de la vida; había conseguido dirigir una revista aunque nunca fue portada del Time como su marido. En un momento a solas conmigo, presumió que sus pechos aún seguían erguidos como de adolescente, e incluso se permitió vacilar invitándome a que los tocara de una manera más discreta.

 No pude contener la risa recordando el entusiasmo que puse en su momento, y entre carcajadas, hundí mi nariz en sus pechos. Graciosamente, me apartó y susurró por miedo a que nos oyera el resto – oye, ¡que era broma! Tú siempre igual-.   

 Elena fue la más que nos sorprendió a todas con ese cambio de look…, estaba imponente. Hasta su pensamiento había sufrido un cambio radical, no me arrepiento de haberla añadido al club aunque haya sido como antídoto. Ya en lo personal, sí que había conseguido defender los derechos humanos pero fuera de la ONU, algo que seguía siendo tan admirable como extraordinario.

 Laura parecía ser el perfecto apoyo que esperé en su momento. Su militarismo feminista, me resultó interesante porque no resultaba radical, creo que compartíamos el ochenta por ciento de opiniones aún no siendo yo activista. Laboralmente, interpretó muy bien su papel para ayudar a la ciudadanía sin tener que usar ni una sola flecha como Robin Hood, aunque seguro que no hubiese dudado en ello.

 Judith apareció con el desparpajo de siempre. Por su comportamiento conmigo, creo que llegó a sembrar una pequeña duda de haber ocurrido algo entre nosotras dos. Le dejé claro que nunca dije nada y que gracias a ella, mis relaciones sexuales, se volvieron abiertas, expertas y gratificantes. A nivel personal lo único que patentó fue el reinventarse como persona, aunque sí que dirigía la empresa heredada.

 Amelia consiguió sonrojarme al recordar nuestro malentendido, aunque ella lo pusiera en duda como tal. Con su forma de ver el mundo, los problemas e incluso los pequeños malentendidos en los que se veía envuelta, seguía derrochando sensatez. No me cabía ninguna duda que defendería lo que fuese desde un estrado y hasta desde sus buenas intenciones.

 Águeda había vuelto a sus inicios en relaciones sexuales. Su tonteo conmigo, pareció darle las claves para conseguir alcanzar una relación satisfactoria con otra mujer, más que recorrer mundo atrajo una parte del mundo hacia ella con la nueva aventura en la que se encontraba inmersa.

 Clara me preocupó bastante por su actual situación. Nos comentó que rompió algún que otro corazón en las pasarelas aunque no alcanzó la fama esperada y al final, acabaron desmenuzando su corazón. Seguro que entre el apoyo del club de las veranizadas, se lo recompondremos de las mejor de las maneras.

 Entre tanta emoción, notaba la mirada de Ruth clavada en las muestras de cariño que nos dedicábamos como compañeras. Sus expresiones se alteraban dependiendo de quien me demostraba más afecto, como si mi explicación de horas antes, no hubiese servido de nada.

 Eso ya me empezaba a incomodar por la presión que volvía a sentir por alguien que no merecía mi repentina angustia. Visitar de nuevo el baño, no era la mejor opción. Podría haber sufrido una nueva calentura y perder la noción del tiempo con el abordaje. Puse la excusa de hacer una llamada urgente, y opté por salir a la calle a tomar el fresco y ventilar el desasosiego que me estaba oprimiendo.

 Apenas avancé dos metros hacia la puerta, de reojo observé a Ruth, como se disponía a seguirme sin afectarle ausentarse de su puesto de trabajo. Aceleré el paso mientras fingía tener problemas con la llamada fantasma, y una vez fuera, doblé la esquina para evitar el encuentro. Desde allí no me veía, así que me paré frente al primer escaparate disimulando, y al percatarme de una sombra que se acercaba, entré en la tienda.

 La campanilla que sonó al entrar me hizo reaccionar abriendo mi campo de visión. Me sentí como pez fuera del agua intentando nadar entre tanto libro al deducir que era una librería. Anduve vagando por las estanterías en busca de algo que me llamara la atención, últimos best-sellers, clásicos de la literatura, libros de cocina, informática, autoayuda, novelas románticas, de misterio…, pero ya que estaba allí, ¿por qué no?, me detuve en la literatura erótica, como indicaba el cartel.

 Me puse a hojear aquellos libros a pesar de que me daba un poco de cortedad por las ancianas que se encontraban tras de mí buscando libros de autoayuda. Creo que ellas también andaban algo cortadillas sin saber a quien preguntar, así que, con toda naturalidad, les recomendé un libro que suelo sugerir a mis pacientes, uno de los pocos que me he leído de una tirada.

 Reconozco no ser una gran lectora, pero de vez en cuando me tiro en la cama con música suave como compañía, y me obligo a leer aquellos libros que recomiendo.

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