Agueda

Capítulo 14

 Águeda

Por fin llegó Águeda con esa preciosa sonrisa que seguía grabada mi retina. No pude dejar de pensar en aquel día que nos besamos a causa de mi inercia al sentir una ráfaga sugestiva por su encantador gesto. Nuestras manos se arrebataron sin apenas saber qué hacían, donde posarse. No llegamos a desnudarnos, aunque resultó un momento muy intenso, de dos principiantes adolescentes deseosas por descubrir la experiencia del sexo entre mujeres.

 Entró sonriente y anonadada por el descaro de un insultante piropo que le había soltado un anciano de casi ochenta años en la puerta de la cafetería. Decía que se reía por no darle una bofetada a alguien que se mantenía en pie gracias al bastón que lo soportaba. Ya dentro, se nos contagió la risa a todas porque divagamos con situaciones parecidas a la anécdota, y lo mejor fue que nos relajó después de la tensión que se creó con la historia de Clara.

 Águeda empezó a contar su andadura por el periodismo de investigación, al  que consecuentemente, se había dedicado. Sus comienzos fueron duros, casi una tragedia familiar cuando se lo comentó a su madre. Ésta, pensaba que ser periodista y mujer, no casaban bien, por los puestos precarios que ocupaban entonces, reflejo del lugar que ocupamos las mujeres en la sociedad que vivimos.

 Inicialmente empezó a escribir como columnista y desde el anonimato bajo el seudónimo de hombre, por la misoginia mediática de la época, en un periódico local llamado “la buena voz”. Era eso, o relegada a temas considerados femeninos como notas sociales, temas hogareños, el cuidado de las plantas, la puericultura o los asuntos de belleza.

 Sin alardes de militancia, ni proclamas feministas, exigió igualdad de género, empecinada en que la valoraran estrictamente por su calidad profesional, logrando visibilizar a las mujeres en su periódico, o al menos, a ella misma. Tardó cinco largos años, para conseguir ver su nombre impreso en letras de molde firmando su columna y escribiendo temas que realmente le interesaban.

 De ser una columna pasó a ocupar media página y luego a página completa, trabajo que le sirvió, para que al fin, fuera  reconocida como mejor redactora de los periódicos locales. Tuvo que reinventarse mil veces ya que cada desafío de cada historia que contaba, implicaba volver a empezar de cero, pero estar entre cuatro paredes no era su objetivo.

 En el momento convulso en el que se encontraban, necesitaba nuevas historias que contar, pero desde un guión oficial relatado por la ciudadanía, así que propuso salir a la calle y comenzar un periodismo de investigación, un periodismo real y cercano, como denuncias sociales sin ningún tipo de artificio, sin maquillaje, o sea, información directa en bruto.

 Evidentemente, la ambición de Águeda no estaba en el ámbito local, así que aprovechó una buenísima oferta de un periódico nacional como corresponsal en Londres. Se mudó allí, para familiarizarse con la política, la economía, la cultura, etc., del país y poder ofrecer crónicas que contuvieran información exclusiva o un nuevo enfoque propio no facilitado por las agencias de noticias para diferenciarse del resto.

 Después de ocho años recorriendo y removiendo las calles de Inglaterra, pidió traslado a España para que su hija Samantha, se criara cerca de sus abuelos. Tenía tan claro ser madre, como el no querer aguantar a ningún hombre con quien discutir la custodia.

 Como límite de edad, se había dado los treinta y al no tener pareja estable, optó por la inseminación, decisión que sus padres le reprocharon, pese a que ella evitaba todo tipo de opiniones al respecto. Meses antes de volverse a España, conoció a Lori Anne, una jovencita escocesa, que hacía prácticas como becaria junto a ella. Se llevaban diez años de diferencia, aunque eso no impidió que se desatase un apasionado romance donde lo más que se derrochaba era ternura. Ninguna tuvo el más mínimo prejuicio o tabú en lo concerniente al sexo, así que se limitaron a vivir lo que les deparó el presente con todo lo que ello conllevaba.

 De vuelta en su país, se acomodó en un despacho del  periódico como redactora jefa de las noticias internacionales, dejando tiempo libre para volcarse en la preparación de un libro, en el cual, unos descubran y otros rememoren, las claves del mejor y más efectivo periodismo de investigación.

 Pensada siempre desde lo pasajero, lo que empezó como una aventurilla experimental, llegó a convertirse en una relación estable con proyectos de vida juntas, pero a pesar de eso, hubo que separarse. Ocho meses después de esa separación, Lori Anne terminó la carrera en Oxford, y sin pensárselo dos veces, cogió todos sus bártulos y se mudó a España junto a la mujer que amaba.

 Para Águeda supuso una verdadera prueba de amor, porque nunca pensó que con el apego que tenía, ésta dejase atrás familia, amistades y trabajo, sabiendo que le esperaba un  gran porvenir en su carrera profesional recién salida de una de las mejores Universidades.

 Una vez aquí, le consiguió trabajo de redactora en el periódico aunque en una sección en la que no se veían a diario, para evitar el agobio de verse a todas horas del día.

 La ideología tan conservadora de sus padres, seguía enturbiando las decisiones que había tomado Águeda, agravándose aún más por la relación que mantenía con una mujer, pero ni eso consiguió separarlas. Águeda se mantenía firme porque creía que se lo debía a Lori Anne por su dedicación.

 En un momento que nos quedamos alejadas del resto, me confesó que había tenido sus dudas en cuanto a mantener una relación lésbica y que ésta consiguiera llegar a buen fin.

 

Era consciente que la sexualidad femenina es ignorada e invisible en un entendimiento social, y que su único sentido patriarcal no es el deseo, sino la maternidad. No obstante, al ver que había conseguido separar todo pensamiento ajeno de los propios prejuicios que pudieran existir, sintió la verdadera esencia de la relación. La única diferencia aparente, era la física, y aún así, veía las ventajas al disfrutar y hacer gozar un cuerpo conocido.

 

Al conseguirlo, la primera sorprendida fue ella. Descubrió los dos extremos en los que se balanceaba la relación: “ternura y erotismo”, pasaba de ser su mejor amiga a su pareja sentimental en un abrir y cerrar de ojos, pero eso si, siempre llenas de intensidad.

Y lo mejor de todo, es que Samantha lo llevaba muy bien integrándose en el trío familiar que formaban, de hecho, sin nadie decirle nada y con toda la naturalidad, llamaba a Águeda mamá, y a Lori Anne, mami para diferenciarlas.

 

Se han convertido en una bonita familia, lejos del resto de vínculos familiares en España por la ignorancia de los abuelos, pero con su otra familia en Escocia que se vuelcan con las tres cada vez que les visitan.

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