Fotografiía de Jose Tandem

Cada mes me enfrento a lo mismo… a esa temible invisibilidad a la que nos aferramos las mujeres lesbianas.

Parece que cuesta bastante mostrarnos como verdaderamente somos, sentimos, amamos, aunque seamos conscientes que en nuestro entorno, lo sospechan, lo intuyen, lo saben.

No nos damos cuenta de que con ello, fomentamos la discriminación, puesto que quien no existe ni sufre ni padece, ni tan siquiera, se da esa oportunidad de defenderse.

Además, dejamos en la incertidumbre de lo conseguido hasta ahora, a tantas que nos han ido allanando el terreno.

Y lo que es peor, nos volvemos vulnerables, al no poder disfrutar de lo que legítimamente nos corresponde.

Es ese miedo a la agresión, al insulto, al despido, al rechazo, lo que nos paraliza y condiciona. Nos aleja de esa conformidad de lucha por la igualdad, por la naturalidad, por la normalidad.

Es verdad que resulta muy difícil encuadrarse en un marco social machista, en el que donde a pesar que careces de referentes sociales, no te sientes presente en casi ningún sitio: como en los planes de igualdad, en los libros de historia, en la consulta ginecológica, etc. Incluso en nuestra propia comunidad LGBT, se nos invisibiliza prescindiendo de la palabra lesbiana: orgullo gay, fiestas gays, comunidad gay, ambiente gay, etc. El que seamos mujeres, no nos libra de pagar doble peaje que los hombres, ante espacios donde el poder es relevante.

Sin duda alguna, pesa más el romper con la educación heterosexista y patriarcal a la que hemos estado sometidas, que con tirar, de una vez para siempre, la llave de nuestro armario al fondo del océano.

¡Pero quienes mejores que nosotras mismas, las lesbianas, para ponerle freno a todo esto!.

Debemos dejar bien claro que existimos, que estamos aquí. Que no somos un misterio. Que queremos expresar nuestros sentimientos sin ocultarnos, sin invisibilizar nuestra realidad. Que no tiene sentido vivir entre mentiras, ni malvivir una vida que no nos merecemos.

Construimos y contribuimos en el día a día como cualquier otra/o, con nuestras habilidades, con nuestras voces, con nuestros espíritus, con nuestras energías, porque queremos y porque, sin duda alguna, nos da la gana.

Porque, chicas, el ser visible importa; y SÍ, importa mucho, para con el resto que ha estado, el que aún queda, el que vendrá, y sobre todo, para contigo misma.

Pero les garantizo, que aunque parezca lo contrario, (como el ser guapa, el ser exclusiva, el ser tolerante, el ser VISIBLE, etc.), no hagan caso de canciones ni de falsos rumores, porque estos devanares de la vida, no duelen nada.

Hay cosas mucho más intensas y previsibles, que casi siempre agradecidas, nos permitimos experimentar, aunque le acompañe un dolor desgarrante…; pero que como en todo, sabemos, que nos hará mucho más fuertes en nuestras futuras decisiones.

Preferiría dejar de lado al dolor, pero sí me voy a permitir decir, que la visibilidad, créanme mis queridas amigas, en verdad, no duele nada.

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