llave-de-la-felicidad

Todas buscamos cosas diferentes en la vida, pero obviando lo superficial, lo mundano, lo que nos diferencia como personas, aunque elijamos diferentes caminos y medios, al fin y al cabo, todas deseamos encontrar “la felicidad”.
¿Significa que la felicidad es algo que estamos destinadas a buscar, pero que nos costará encontrar o que nunca encontraremos?
Las mujeres lesbianas no estamos exentas de esa búsqueda, aunque nuestro camino nos lo creamos algo más arduo que el resto.
Primero pensamos que la felicidad está en aceptar nuestra orientación, aceptarnos tal y como somos como lesbianas, así que nos ponemos a ello reforzando nuestra autoestima, y ¡ala!, lo conseguimos; pero falta algo…
Luego decidimos que la felicidad podría estar una vez salgamos del armario y libremos esa batalla con nuestra familia, nuestras amistades, nuestras compañeras de trabajo, con el resto del mundo, así que leemos, investigamos, buscamos iguales en quien apoyarnos, y por fin estamos fuera, y ¡ala!, lo volvemos a conseguir; pero falta algo…
Ya libre de prejuicios sociales y personales, pensamos que la felicidad está en tener una novia que comparta con nosotras las mismas ilusiones, todo aquello que soñamos de pequeñas, y sin esperarlo, ahí está, delante de nosotras receptiva, deseosa, cariñosa, y ¡ala!, ya tenemos pareja; pero falta algo…
Algunas piensan que la felicidad está en salir de fiesta, en tener hobbies comunes, en viajar, en comerse el mundo juntas, y ¡ala!, lo hacen, pero el dinero, las fuerzas, las ganas se acaban; hasta en esas, falta algo…
Después de esa euforia, decidimos que casarnos y formalizar la relación alcance la máxima felicidad, y ¡ala!, comenzamos con los preparativos porque probablemente será la boda más romántica y deseada del planeta; pero pasa la boda, la luna de miel, y falta algo…
En el relax de haber sentado nuestros principios y deseos comunes, viene eso de ampliar la familia, ya sea con bebés o con alguna mascota, y ¡ala!, nos dirigimos a una clínica de reproducción asistida o a un albergue de animales, donde creemos que el sentir a alguien más que dependa de nosotras nos dará la felicidad; es otro tipo de felicidad, pero sigue faltando algo…
Ya llega el momento de la verdad y preguntamos a nuestra compañera:

– Cariño, ¿eres feliz?-
– Sí mi amor, si tu eres feliz, yo lo soy.-

Es una frase típica entre parejas donde no cabe duda que se quieren, y que menos después de tanta búsqueda; …pero al margen del romanticismo implícito, de la falta de egoísmo y de lo conmovedora que es la respuesta, no se ha contestado a la verdadera pregunta.
No convencida con mi respuesta, vuelvo a preguntar:

-¿De verdad eres feliz?-

Ponemos más interés en hacer creer a las demás que somos felices que en tratar de serlo.
La puerta de la felicidad se abre hacia dentro y nadie más que nosotras tenemos la llave. Es como una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias y siempre con la certeza de no sentirnos perdidas. Recuerda que si estamos dispuestas a ser felices, es inevitable no serlo alguna vez.

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