Archive for the ‘Sara Levesque’ Categoría

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“Qué guapa estás”, pensaba mirándote a hurtadillas. Me gustas porque eres sencilla. Te conocí y en mi mente se abrieron los vínculos necesarios para que aparecieses cada vez que cierro los ojos. Si mañana me quedase ciega, seguiría viéndote, porque ya no estás en mi cerebro, sino un poco más   Read More ...

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Soy rara. Tú también. Eres tan rara como yo. Dos extrañas en un mundo a la par que nosotras. Está lloviendo y es la excusa perfecta para acordarme de ti. En realidad, no me hacen falta motivos. Me encanta la lluvia casi tanto como me encantas tú. Las nubes maquillan   Read More ...

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Qué bien sabe un cigarro de madrugada. La primera calada, en especial. El humo, al ascender, dibuja las letras de tu nombre en trazos barrocos. La toxicidad del tabaco se suma a la tuya; así dueles menos. Te escapaste como se escapa esta neblina venenosa por mi ventana abierta. Se   Read More ...

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Qué horrible eso de que te duela alguien a quien quieres porque ese alguien nos ha dejado de querer. O prefiere querer a otra que es más alegre, está más cerca o más viva. Otra que no vive sus días dando un paso atrás. Otra que no huye hacia adelante.   Read More ...

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Te sueño constantemente, igual que una aficionada al sado. Como si disfrutase haciéndome daño a mí misma. Como si no fuera ya bastante cruel saber que es otra la que te despega las bragas, la que come de ti, la que te acompaña hasta el final. Otra con la que   Read More ...

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Echo de menos intercambiar emails contigo. Que compartamos fragmentos de libros o el hallazgo de una obra de teatro atractiva. Echo de menos mandarte canciones, recibir tu chiste malo de turno, y que planeemos viajes que nunca cumpliremos. Echo de menos cuando me llamabas “pequeña” y yo te respondía “cielo”.   Read More ...

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Dijiste muchas cosas; entre ellas, que volverías. Que no me preocupara porque me avisarías de tu regreso, para que no me pillase por sorpresa. Me lo dijiste como se le dice a un amigo que todo se arreglará, cuando ni siquiera se han escrito las instrucciones. Desearía no tener el   Read More ...

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-Lo siento –le susurré, sin dejar de sentir su pelo, ni a ella-, pero tenía que besarte. -¿Por qué te disculpas? –bromeó-. No lo haces tan mal. -Porque he tardado en dártelo. Me acerqué un poco más a ella. Las dos estábamos sentadas de lado, casi recostadas, con un codo   Read More ...

yo misma

Recuerdo tu otoño mojado de placer. Al mirarlo, me enrojecía como se enrojece septiembre con la llegada de la estación. Un jardín privado con los matices propios de la etapa más madura. Conocí tus voluminosas cordilleras al norte de ti, cada una con su propia cima, sonrosada y sedosa; picos   Read More ...