“Aunque algunas tratarán de negarlo, pienso que todas las mujeres, en algún momento de su vida, han tenido o tendrán el deseo de posar desnudas”. Son palabras de Linnea Eleanor Yeager, más conocida como Bunny Yeager, y sabe bien de lo que habla. Natural de Wilkinsburg, Pensilvania, tiene la suerte de haber conocido el mundo del desnudo erótico vintage de primera mano y desde ambos lados de la cámara. Como pionera que es, su punto de vista es único e incomparable.

A principios de los años 50, Bunny trabajó con éxito como modelo en Miami, posó para otros y para ella misma, pero pronto descubrió que lo que realmente quería hacer era estar al otro lado, manejando la cámara. A mediados de aquella década, Yeager consiguió destacar en un mundo, el de la ‘fotografía glamour’ de chicas de estilo pin-up, que era coto exclusivo de hombres. Una imagen suya de Bettie Page vestida únicamente con un gorro de Santa junto a un árbol de Navidad fue su bautismo de fuego. Playboy compró la foto inmediatamente, y a partir de ahí el prestigio de Bunny no hizo más que crecer. En aquellos primeros años, ella era la única mujer dedicada a la fotografía pin-up, y su trabajo, quizás más que el de ningún otro, ayudó a redefinir los contornos de la cultura erótica de la época.

Bunny fotografió a cientos de modelos de la época, pero también convenció a amas de casa, secretarias o azafatas de aerolíneas para que posaran frente a su cámara. Ella siempre ha defendido su trabajo como un estudio íntimo de la belleza femenina. Y es que, frente a la práctica común de la ilustración pin-up, en la que los artistas estilizaban y realzaban con sus pinceles a sus modelos, proyectando de esa manera una ideal corporal distorsionado, Bunny siempre prefirió retratar la voluptuosa belleza natural de la mujer de su tiempo.

Más allá de la idea que tenemos de las chicas pin-up como mujeres de calendario que endulzan el mundo con sus cuerpos y actitudes coquetas, las fotografías de Bunny Yeager sirven también como retrato social de una época. Para la fotógrafa, su trabajo alrededor del desnudo femenino no supone una forma de explotación por parte de una sociedad machista. Más bien al contrario, ella lo ve como una práctica encaminada a la autoafirmación y el autoconocimiento. Al menos, a ella le sirvió la experiencia: “Cuando empiezas a fotografiarte a ti misma, te asombras de todas las cosas que descubres sobre ti, y te quedas contenta de haberlo hecho”.

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