Existen innumerables definiciones de lo que es biodanza, así como infinitos son también los beneficios humanos que aporta. Son tantas y tantos respectivamente, como personas que la practican, pues cada una tiene su personal percepción de ella y a cada una le brinda variados efectos terapéuticos.

 Su fundador, Rolando Toro, la define como “proceso de integración entre mente y cuerpo, mediante la música, el movimiento y la manifestación de todas las emociones”, y considera que su valor terapéutico se debe a sus 7 poderes de transformación: la música, la danza integradora, la vivencia, la caricia, el trance, la expansión de la conciencia y el grupo.

 Otras/os la denominan “medicina para el alma”, ” la poética del encuentro”, “sistema de reeducación afectiva”, etc. y yo la he definido como “la danza de los 7 placeres”, porque biodanza es para mi sinónimo de placer, es canto a la vida, poema a la liberación, danza de colores y de infinitas y placenteras sensaciones.

 En cada sesión, siento muchos placeres que se salen de lo cotidiano y, por tanto, son ciertamente difíciles de describir:

 El primero, es el placer del encuentro, del vínculo de unión que se da en el grupo, la complicidad e indistinción de edad, sexo y cuerpo.

La sesión comienza con una rueda de intimidad en la que puedes expresar tus emociones. Escuchar y ser escuchada con respeto y consideración, es mi segundo gran placer.

 Comenzamos a danzar y desaparece la comunicación verbal hasta el final de la sesión, dando pie al maravilloso tercer placer: el lenguaje de las miradas y del leve tacto a través de la música y el movimiento.

 EL cuarto placer viene de la mano de una consigna de apego a la vida, de integridad propia y de firmeza, que te invita a andar a solas y/o en pareja al ritmo de una música vitalizante, sintonizándote contigo misma y con los demás, aprendiendo la importancia de saber avanzar de la mano, respetando la individualidad.

 Luego, infinidad de ejercicios, en soledad o en compañía, que te brindan el quinto placer fundamental de cada sesión: la vitalidad y la alegría; soltar tu cuerpo, compartir, crear, divertirte, elegir pareja y celebrar la vida a través del movimiento desenfadado, perdiendo la rigidez y olvidando el arraigado miedo al ridículo.

 Llega el tiempo de serenidad, las caricias, la ternura y el relax. Sensualidad, afectividad y sexualidad sin trabas ni tabúes: todo un sexto y sexo-placer diferente que, sin duda, hay que experimentar.

 Y es una lástima, pero la sesión va llegando a su fin y hay que recomponerse después de tanto placer, para despedirse con el séptimo y último: la rueda final, en la que descubres nuevas caras de luz renovada, sonrisas llenas de vida, miradas resplandecientes, amorosas y vitales. Éste es mi séptimo gran placer, con el que me despido, para irme pletórica a tratar de llevar toda esta vivencia a mi vida cotidiana.

 La biodanza, para entenderla hay que vivirla, por lo que les invito a buscar en este enlace algún grupo, para probar una clase sin coste y sin compromiso: http://www.biodanzaespana.com/escuela.htm

Escrito por: Anaes

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Categorías: CMB-2009, Cuenta-Les, Noviembre

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