Ilustración de Olivia Hardy

Un recuerdo de pequeña que me viene mucho a la cabeza, es el deseo que tenía de ser invisible. En ocasiones, el deseo era tan grande, que con frecuencia mis sueños lo hacían realidad.

Eso de estar en situaciones comprometidas sin que se notase mi presencia, era algo imposible de cumplir en el día a día despierta.

Pero cuando llegaba la noche, bien dormidita, se convertía en toda una fantasía que me embriagaba indagando en escenas excitantes, de las que siempre resurgía como una gran heroína.

Todo esto me hacía sentir especial, vivir experiencias apasionantes, y sobre todo algo muy curioso: practicar con mucho agrado y con orgullo mi heroicidad al ser invisible. Les aseguro que entonces, era algo bastante ocurrente.

Años más tarde, cuando desperté sexualmente y me reconocí como lesbiana, fue cuando tuve que practicar otra clase de invisibilidad que se convirtió en algo más irónica.

El ser invisible, pasó de hacerme sentir especial a un bicho raro; de vivir experiencias apasionantes a malvivir rechazos; de orgullecerme de mi heroicidad a avergonzarme de mi cobardía.

En definitiva, aprendí a ser invisible socialmente hasta creerme que esa era la única solución a todas estas vueltas de la vida.

Como todo, ese aprendizaje tiene sus consecuencias. Me dejaban sin movimiento; envuelta en una vida llena de mentiras, de pensamientos humillantes  y miedos a salir herida. Miraba a todos lados sin saber que hacer mientras me iba encerrando cada vez más, en el fondo de un armario con cadenas y candados a lo Harry Houdini. Claro que él, al final de la función podía salir recibiendo aplausos, pero yo, sólo recibiría reproches.

Pero no; esa falta de oxígeno me estaba ahogando y me hizo reaccionar. Me armé de orgullo, me acepté a mí misma y confiando en que mi condición no le afecta a nadie más que a mí, imité a Houdini, y recibí el mejor y mayor de los aplausos: el mío propio.

Ahora, les aseguro que no paso inadvertida por donde quiera que paso.

De tan visible que soy, hago daño a la vista de muchas y muchos que desearían que retrocediese a la invisibilidad que disfrutaba de pequeña. Pero mi niñez pasó y ahora practico y entiendo el significado de la visibilidad.

No voy a permitir que se me reproche lo que no se entiende, lo que no se quiere reconocer socialmente, y por su puesto, nunca voy a renunciar a lo que me pertenece por derecho, decida ser visible o invisible.

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